sábado, 1 de diciembre de 2018

Albert Camus: LO STRANIERO

A saber dónde me lo encontré.
En realidad, de este ejemplar
sólo leí el prólogo.
Lo escuché en castellano mientras manejaba,
por estos días.


Hace unos días acabé de "leer" El extranjero mientras manejaba de casa al trabajo y del trabajo a casa, audiolibro en italiano subido a YouTube mediante. Qué memoria de pájaro que tengo, incluso me había olvidado de que le había escrito ya un post a esta novela hace unos meses. Y sí, ahora estoy bastante seguro de que leí hace veinte años El extranjero.
¿Dónde me lo encontré?
Lo estoy leyendo, actualmente.
Muy inteligible, la verdad


En un momento de máximo hastío ante los personajes creados para ser cuidadosamente imposibles, me cruzo con la novela de Camus, y se me desestabiliza el exasperado intolerante posmo que todos los generación X llevamos dentro del alma, entre las costillas. Camus sabía lo que se hacía.

Meursault no sólo es imposible, también es impredecible. Cuando comenzamos a creérnoslo, a sentirnos dispuestos a prever sus jugadas, su gestualidad nos deja una vez más al borde de la boca abierta. Y sí, literatura del absurdo y su filosofía, pero hay algo más. Meursault lo resiste todo. Meursault lo resiste todo. No sé ustedes, pero a mí eso me tranquiliza. Es bueno saber que andaba por ahí. Meursault. Tomándose la vida con calma.

Tengo en casa una edición en castellano y otra en francés. La edición castellana, publicada en España en 1958, años de plomo. El prólogo es más que interesante, no lo comparto plenamente, pero un respeto. Lo firma una tal M.ª Ángeles Soler, que quizás sea esta señora, pero a saber. Lo fascinante del tema, en todo caso, es cómo consigue meterlo a Dios al final de todo, y juraría que así hacían las cosas quienes conseguían sortear la censura. Todo el prólogo que acaba de escribir es la refutación de la imprescindibilidad explicitada del Dios encajado al final, pero cuela. Y pasa. En 1958.

El narrador no es nada confiable, pero eso no es nada nuevo. Y el de verdad, el de carne y hueso, tampoco. En los momentos en que se pone agresivo, la agresión sale de lo explicitado, y nos enteramos después de lo que ha pasado. Meursault es un extraño a sí mismo cuando pierde el control, o al menos eso es lo que quiere hacernos creer. El día que acaba asesinando a un tipo, ya sabíamos desde hacía rato que le dolía la cabeza, y eso nos sugiere algún tipo de problema mental que los acontecimientos subsiguientes no hacen más que confirmárnoslo. En este sentido, Camus nos va soltando pedacitos de realismo bien espesos, que no podemos obviar.

Y no hablemos de la ambivalencia que se siente hacia Meursault, a medida que se lo va conociendo. El tipo es un monstruo moral, y el juicio al que es sometido es una horrenda injusticia y la sociedad protegiéndose a sí misma, a un tiempo. El juez lo llama cariñosamente señor Anticristo.

¿Es un héroe, Meursault? Quizás sí, quizás no, quizás a su manera, quizás ni eso. No hay forma de saber por qué se mantiene, a su manera, fiel a sí mismo hasta el final. Acaba reconciliándose con el mundo, el mundo físico, haciéndose uno con eso, al mismo tiempo que proclama su necesidad de ser odiado por todo el mundo. Más o menos como el vendedor de drogas de American Beauty, cuyo amor lo reserva a una bolsa que da vueltas mientras la filma, pero de ahí no pasa.

Imprescindible, pues, El extranjero. 

viernes, 16 de noviembre de 2018

Pere Font: OCELLS FERITS

Lo encontré en la París-València.
La contratapa nos dice que a Pere Font lo apasionan tres cosas, que traduciéndolas son: "la Mujer, la Poesía y la Pintura". En mayúsculas y se entiende que en ese orden. En el prólogo, nos cuentan que el autor está a la altura de no sé qué magnitudes e intensidades talladas moral y humanamente. La foto, en el retiro de tapa, nos mira con inadecuada preocupación.

O sea.

Había muchas maneras de conseguir que un escritor nos cayera antipático irremediablemente, y los editores tuvieron a bien usar muchas de ellas. Panegírico desenfadadamente solemne. Uf.

Al principio, el autor nos muestra que está obsesionado con Nietzsche, lo cual no es sino una manera tan buena como cualquier otra de decir que uno está obsesionado consigo mismo. Y sí, los poemas en primera persona del plural se suceden, pero es siempre un plural mayestático, no hay ningún nosotros de verdad ahí metido. El poeta reclama a los otros, a esos nosotros, que sean como él mismo, en definitiva, porque sólo hay una clave para la libertad, que es la que él ha encontrado y cual faro en llamas señala.

Nietzsche me cae horriblemente antipático, todo sea dicho. Si el eterno retorno es que hay que vivir la vida sin tener nunca que arrepentirnos de nada de lo que hagamos porque estaríamos dispuestos a volver a vivirla de una misma y exacta manera, eso lo podría haber escrito Paulo Coelho, qué tanto joder.

domingo, 11 de noviembre de 2018

Claudio Magris: LEI DUNQUE CAPIRÀ

Me lo encontré en una librería de Valencia.
Me costó un huevo, la verdad.
En un par de horitas se lee, quizás menos.
Lei dunque capirà, que cuenta con traducción castellana (Así que Usted comprenderá), es un librito muy pequeñito del escritor italiano Claudio Magris, a medio camino entre un cuento largo y una nouvelle corta, pero definitivamente un monólogo teatral.

Una mujer, la mujer de un poeta, le cuenta a un interlocutor que el poeta es un farsante, y que ella es responsable de gran parte de su obra. A mí me hace acordar a Barton Fink, aunque dicen por ahí que debería hacerme acordar al mito de Orfeo. Quién soy yo para dudarlo.

Esta pequeña obra fue traducida y representada repetidas veces. Hay algunas cosas que subrayé, algunas que me gustaron y otras que no, pero no es éste el tipo de literatura que me gusta. Los personajes cuidadosamente imposibles es raro que me gusten, porque yo creo en lo que me lo creo. De todos modos, un libro más en italiano entre pecho y espalda, y eso siempre está bien.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Elliot Rodger: MY TWISTED WORLD

Después de leer My twisted world —que cuenta con varias voluntariosas traducciones oficiosas al castellano que se pueden encontrar por ahí, pero que paso ahora mismo de leerlas, que ya tuve bastante— uno sabe bien por qué hay una legión de tipos, por ahí, que disfrutan tanto haciendo escarnio del malogrado asesino de masas. El diario guión manifiesto de Elliot Rodger —supongo que se inspiró en Mi lucha a la hora de estructurarlo, pero quién sabe—, es un cóctel de actitudes guión acciones ridículas + talento literario + una pizca de sinceridad + una pizca de cinismo que dispara el trollismo del más menos pintado.

Es obsesivo el autor. Infinidad de veces nos cuenta que es virgen, que él merece no menos atención que cualquiera, esas cosas. Cuando escribe desde el corazón, es decir, con esas pizca de sinceridad que también tiene, escribe cosas como "la envidia y los celos, los dos mayores problemas de mi vida", "nunca olvido, nunca perdono" o como "el acechador inveterado que soy" que así, fuera de su contexto, no dicen mucho, pero que son hitos en la lectura, porque ahí está la verdad. Y en el odio. En el odio por situaciones concretas, por gente de carne y hueso.

¿Dónde está la Captatio benevolentiae en My twisted world? Evidentemente, en las primeras partes del diario, aquéllas en las que el autor nos cuenta su infancia, sus infinitos e infructuosos intentos de ser parte del grupo de los niños populares. Después, el autor nos muestra de a poco algo que se asemeja cada vez más a su peor cara, hasta que nos persuade de que él querría ser un dictador global, asesinar a todas las mujeres salvo a muy poquitas, y de paso a su hermano pequeño, aunque él sabe que lo adora. Quizás ya aquí hay impostura, porque ya parece una caricatura de sí mismo, pero a saber. En todo caso, una muestra más de que sus deseos siempre sobrepasan a sus posibilidades de una forma atrozmente ridícula.

El autor quizás nunca leyó a Sartre o a Heidegger, o no le importa. El valor que se da a sí mismo es siempre inmanente, nunca es por lo que hace, sino por lo que él considera que es. Su interacción social destruye su autoestima, pero nunca deja de recordarnos que su valor siempre es a partir de algo que él entiende que es y que es independiente de lo que hace. La horrorosa equivocación que rige su vida entra en el terreno de las enfermedades mentales, porque de otra forma no se entiende el monolítico ridículo en el que está dispuesto a caer una y otra vez, sin enmienda. Y todo contado con bastante agilidad, a pesar de las repeticiones obsesivas de tópicos que se suceden hasta la náusea. My twisted world es, a su manera, una novela de aventuras, y El día de la retribución, que es cuando decide salir a asesinar gente, es su objetivo en tanto héroe, después de mil vicisitudes guión obstaculos que podrían alejarlo de ello. Por ejemplo, ganar la lotería. Pero no.

Supongo que mis mayores lo tuvieron a Charles Manson, y las generaciones más o menos cercanas a la mía lo tienen a Elliot Rodger, si hablamos de asesinos elevados a objeto de veneración de la cultura popular, o de sus arrabales. Como quien pretende repetir una tragedia en forma de comedia.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Josep Porcar: NECTARI

Me lo encontré en un
rastro de València.
Nectari es un poemario en valenciano del escritor Josep Porcar, de extensa obra. Se me antoja bastante más amable que las cosas que estuve leyendo últimamente, aunque el autor no escatima en imágenes duras (ángeles muertos y sin manos, hormigas y no el hombre como medida de todas las cosas, etc.). Supongo que será cuestión del tratamiento.

El libro se estructura en tres secciones relativamente simétricas en extensión: Unitats de desmesura, Anteres y Sàmares, aparte de un poquitín de paratexto allá al final, incluido una pequeña nota sobre el autor de Alexandre Navarro.

A mí me gustaron cosas como "(...) pesques/l'or naufragat", "El rastre del silenci/on les formigues deixen més respostes/que el silenci" o "(...) tots els àngels moren/sense mans".

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Núria Armengol: FRACTURA

Lo compré en un rastro de València.
Fractura es un poemario de la escritora Núria Armengol, natural de la Ciutat dels Sants, Vic. Consta de dos secciones, fer nit blanca, el doble de grande que la siguiente y con poemas contados en números romanos, y l'altra plàstica, de poemas con título de los de toda la vida.

Son poemas escritos siempre en minúscula, con abundantes puntos seguidos en medio de frases, sobre todo al principio, que te dejan sin aliento.

Los caminos de la deconstrucción son inexcrutables.

Poemas que parecen escritos in media res, si me disculpan la sinestesia teórica. Y con final abierto. Herméticos y áridos, para carraspear jadeando. Demostración:

VI
o la ràbia desplegada. pul·lula
enmig de l'aire. cau a raig. sobre l'asfalt.
potser. sembla argent amb tanta aigua.
una nit metal·litzada. davall eixorca i
ja res brilla. una espasa. apagada.
estirada t'amenaça. però tu ja
no estàs mirant.

A mí me hacen recordar un poco a la poesía de Manel Marí, sobre todo en la búsqueda de metáforas impiadosas que lo rodean a uno de lo cotidiano como monstruo (dejemos de lado a Stephen King). La poeta transforma el entorno en insectos, por ejemplo, membranosos y con exoesqueleto, y nosotros estamos dentro de ellos. O en ataúdes de calidad insectal, o sea, nada amable, precisamente.

El poemario acaba revisitando la Pasión de Cristo. Quizás somos testigos de la condena del Universo, de un momento clave en el que todo se jodió, especialmente nuestra relación con Dios.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Teresa Pascual: VALÈNCIA NORD

Estoy casi seguro de que me lo encontré
en el rastro que está pegado
al Museo de Bellas Artes de València
València Nord es un poemario en valenciano bastante pequeñito, editado en Paterna. Es una de las poca muestras, me parece a mí, de poesía editada sin que haya un premio de por medio, que también la hay y con una factura absolutamente profesional, a juzgar por este librito.

La autora, Teresa Pascual, es profesora de Filosofía en un Instituto de València.

El poemario está dividido en tres secciones: La voluntat de dir, Poros y València Nord. Por fuera de éstas, al principio de todo hay un poema muy cortito que funciona a manera de prólogo, según lo veo yo.

Parece que hay mucho eterno retorno en este poemario. Con esta idea, sugerida, se abre y se cierra el libro. Como no podía ser de otra manera, mira por dónde.

València Nord alude al nombre de una estación de tren de la ciudad de València. Es por ello que, aquí y allá, la imagen de los viajes en tren, sus vías de ida y vuelta, hacen sentir su valor significante.

Hay un solo poema cuyo sujeto rotundo es yo. En general abunda la tercera persona descriptiva, bastante el nosotros y algún que otro tú. La poeta se camufla muy a conciencia dentro de sus poemas casi siempre sintéticos, mínimos.


sábado, 8 de septiembre de 2018

Leonardo Sciascia: IL GIORNO DELLA CIVETTA

Me lo compré en
una de las librerías cercanas a la EOI de València.
Dos añitos de italiano en la EOI de València, A2 recién y satisfactoriamente certificado, y a meterme entre pecho y espalda esta novela de Sciascia, la segunda en mi suya haber, o sea.

"Il primo e il più grande fra i romanzi che raccontano la mafia" me cuenta la contratapa, y yo suelo juzgar los libros por su contraportada. Me lo compré hace un tiempo, pues.

Muchas frases y humoradas aquí y allá que me gustaron, todo hay que decirlo. Cosas como "il grumo di sonno, di preoccupazione e di barba che era la sua faccia si sciolse in un sorriso de trionfo" para qué, me gusta leerlas. El narrador suele ser furiosamente omnisciente en todo lo que atañe a intencionalidades y sentimientos de sus personajes, pero no suelta prenda de todo salvo cuando le interesa. Sciacia parece empecinado a ser un escritor de esos que levantan acta de su tiempo, y por eso su medida omnisciencia, su pintura amplia de los claroscuros en el alma de sus personajes. El escritor quiere contar la mafia a partir de las indagaciones de un uniformado a partir del asesinato de un tipo. Todo enrevesado. Y la derecha italiana de la época retratada en la novela, como la que sufro dentro de las propias fronteras: filofascistas (y neofascistas, que tanto monta, monta tanto). Como peperos y falangitos, por si hacía falta aclarar.

Me costó mucho acabar este libro. El vocabulario me resultó arduo, e iba perdiendo el hilo todo el tiempo. El humor que gastan los escritores contemporáneos italianos vale la pena, eso sí.

martes, 14 de agosto de 2018

¿Leyendo EL GÉNERO EN DISPUTA, de Judith Butler?

Lo tengo en la mesita de luz desde hace unas semanas. Cada vez que lo veo, me acuerdo lo que me costó leerlo hasta la mitad hace unos años, lo duro que fue aceptar que no me enteraba de nada de lo que estaba leyendo, y me entran unas ganas obscenas de ver videos de gatitos de gym idiots o de un señor que rompe huevos con la mano izquierda.
Después me acuerdo que éste, el mío, no aquél, el que había retirado de la biblioteca, me costó 15 euros en Casa del Libro, y se me pasa.
Hoy lo estuve hojeando...

lunes, 23 de julio de 2018

Pascual Serrano: TRAFICANTES DE INFORMACIÓN. LA HISTORIA OCULTA DE LOS GRUPOS DE COMUNICACIÓN ESPAÑOLES

Creo que me lo compré en Iberlibro
o Todocolección, pero a saber.
La mía, segunda edición. Un respeto.
Pascual Serrano es un periodista español que, al momento de escribir estas líneas, trabaja en eldiario.es. El tipo está especializado en medios de comunicación, es muy crítico y tiene una mala leche de lo más inspiradora.

Yo me cabreé y disfruté a partes iguales, mientras leía Traficantes de información. El entramado gangrenoso entre poder y medios que te tira por la cabeza durante algo más de 300 páginas no es vivificante, precisamente. Pero eso sí, y vaya si se agradece, la escritura es ágil, nada petulante y llena de fuentes que justifican lo que dice. Como tiene que ser, si me preguntan.

Me lo compré después de verlo, no sé cuándo ni dónde, a Pablo Iglesias recomendándolo de forma muy efusiva. A partir de su lectura, me compré dos libros más, que todavía no leí: Los amos de la información en España, de Enrique Bustamante, y Cómo se fabrican las noticias, de Manuel López. No me quedé bien de cuerpo, y decidí darme un tiempo antes de seguir interesándome en el tema, es por eso que aún los tengo durmiendo en la biblioteca.

"Los grandes grupos se parecen cada vez más en sus estrategias y en su visión ideológica del mundo, por fuerza de su integración en el gran capital", nos pone sobre aviso Bustamante, su prologuista. Y desde el primer párrafo del primer capítulo Serrano ya nos deja bien clarito en qué se traduce esto: Brote de legionela en Murcia cuya responsabilidad era de El Corte Inglés, silencio de los medios locales. "El Corte Inglés es uno de los principales anunciantes de España", y la noticia se encapsula. Eso significa ideología, porque "lo de la libertad de expresión acaba cuando aparece el dinero y los nombres propios".

El libro se estructura a partir de los grandes grupos mediáticos, a los que dedica capítulos respectivos. Grupos mediáticos que se enfrentan y se potencian dependiendo de los intereses que los unen en conflictos y alianzas sin solución de continuidad, porque la pasta es la pasta. Y es por eso que el periodista señala lo complicado que es acceder a la sencilla información de quién carajo es el dueño de cada medio, porque precisamente los que trabajan informando se ponen opacos a la hora de informar quién carajo son. Incluso la mafia italiana está metida en el ajo, por no hablar de bancos de la lista Falciani, fondos buitre y demás. No están para preguntarle al espejito quién es el más bonito.

Los pósits que fui añadiendo hace tiempo me recuerdan que me interesó que Berlusconi tuviera sus manitas metidas en El Mundo y en Mediaset; que Prisa y Telefónica van de la manita; El el ABC y Las Provincias comparten algo más que las letras de molde; que ese casi campo de concentración que es Colombia no sale en los medios españoles porque allá a los medios españoles, fundamentalmente a Prisa, los tratan extraordinariamente bien; que Prisa apoyó el golpe de estado en Venezuela; que un directivo italiano de Telecinco, Marcello Dell'Utri, aparte de tener probadas conexiones con la mafia era un admirador confeso de Mussolini. Esas cosas. Un festival de mierda que nos cae en la cabeza, mientras nos dicen que llueve. Porque "desde que se inventó la imprenta, la libertad de prensa es la voluntad del dueño de la imprenta".






lunes, 16 de julio de 2018

Jean Baudrillard: EL OTRO POR SÍ MISMO

Me lo encontré en un rastro.
El otro por sí mismo es un pequeño ensayo del filósofo francés que acuñó eso de los "no lugares". Se lee en un par de días (yo lo hice).

miércoles, 11 de julio de 2018

Jordi Julià: ELS DÉUS DE FANG

Me lo encontré en El Doctor Sax,
una librería de viejo
pegadita al consulado de Italia en Valencia
a la que vale la pena visitar,
tienen libros de toda condición y pelaje,
y en un montón de lenguas.


Els déus de fang fue ganador del Premi Poesia Vicent Andrés Estellés de Burjassot en su edición de 2006. El autor, Jordi Julià, un escritor prolífico es poco.

El poemario, tal como pone sobre aviso al final del libro su autor, recoge distintos poemas escritos a lo largo de varios años.

A mí, creo, el que más me gustó fue My favourite things, bastante humorístico y con una onda que se me antoja bastante clara a eso que los yanquis llaman pasivo-agresivo. En L'Helena hay como una revisita al están verdes de la zorra y las uvas que me dejó desconfiado.

O sea, hay bastante distanciamiento irónico en el autor, casi todo el tiempo. No se permite grandes expansiones sentimentales, y cuando lo hace lo pone en boca de personajes, no de él mismo.

A mí me parece, si me preguntan, que Cap de Bacus, el primer poema, funciona a la manera de un prólogo, que te avisa de por dónde van los tiros, qué cosas hay que fijarse para ir pillando el hilo conductor al poemario. Entonces yo veo una obsesión por la traslación propia o ajena que siempre parece ser metáfora de algo, y que a veces es de verdad, en el espacio, y otras en el tiempo, es decir, figurada. Veo que la quietud sirve para observar a los otros, para morirse o para las dos cosas al mismo tiempo. Veo una permanente caída en la desilusión después de la ilusión. Veo una llegada al bosque que igual es revisitar el bosque de estatuas en el que se pierde el visitante del primer poema, pero seguramente ya me estoy pasando de rosca cuatro pueblos. Y sí, veo cosas.

A mí buscar estos hilos que se desovillan durante todo un poemario me articulan la lectura. Me hacen creer en la Intuición sobre todas las cosas. Son clavos ardientes, por supuesto, como cualquier profecía autocumplida que se precie de tal. Porque implica abrir los ojos para unas cosas, y cerrarlos para otras, hasta que todo parece preciso y aceitado como un reloj suizo, aunque haya más mundo allá afuera. Pero me parece que está bastante claro que las segundas lecturas de los poemarios hay que acometerlas con una estrategia definida.

viernes, 6 de julio de 2018

Jaume Pérez Montaner: FRONTERES

¿Dónde me lo encontré?
Fronteres ganó el primer premio de Poesía Vicent Andrés Estellés, allá en 1993. Lo editó Bromera, allá en 1994.

Jaume Pérez Montaner es un profe de la Universitat de València, con bastante obra publicada. Este poemario consta de seis secciones farcidas de prosa poética (o versos larguísimos, a saber), bastante inglés, caos gramatical, posibles intertextualidades que hay que estar bastante en el ajo para detectarlas y algo así como automatismo o flujo de conciencia.

No encuentro un camino hacia algún lugar sencillo de descifrar en Fronteres. Aquí lo han hecho.

sábado, 30 de junio de 2018

Rosa Serrano i Llàcer: VIATGE

Me lo encontré en una librería pegada
a la EOI de València.
Quedan varios ejemplares,
todavía, y están muy baratos.

Viatge, de Rosa Serrano, es una novela corta, muy cortita, estructurada en torno a las meditaciones de la protagonista durante un viaje sola, conduciendo su coche a Madrid. La protagonista recuerda episodios de su vida, se reencuentra con distintos paisajes del pasado, descubre nuevos y pierde otros. También, aunque a cuentagotas, va recordando tal y cual autor, algún libro u otro. La protagonista trabaja en una editorial.

La novela se lee rápido, y bastante bien. Está escrita a base de fragmentos que van acumulándose con separaciones de espacio en blanco. El estilo es ágil y fresco. Es una especie de monólogo interior muy estilizado, con la inocencia como estandarte y sin pirotecnia gramatical ni nada parecido.

¿Puede decirse que el viaje sea a ninguna parte? Quizás. A medida que pasan las páginas uno intuye que la protagonista está cada vez más distraída de la carretera, y se teme uno el golpe bajo de la resolución tremebunda. Después pasa lo que pasa, que ya es spoiler. Si me preguntan si el viaje es a ninguna parte, contestaré quizás.


domingo, 24 de junio de 2018

VV AA: Del proyecto educativo a la programación de aula

Este manual se lee, bien leído, con pósits y subrayados, en un par de días de lectura metódica y relativamente larga. Vale la pena. Ha sido escrito a fines del siglo XX, pero la normativa en lo que respecta a estas cosas tanto no ha cambiado y, si uno está más o menos en el tema, puede extrapolar de forma bastante accesible lo que ha quedado desactualizado.

El tema, interesante y necesario: cómo encaja lo que uno, como docente, tiene pensado hacer funcionar en su clase, con el PEC (Proyecto Educativo de Centro) de la institución educativa en la que uno trabaja.

El manual está pensado para el sistema educativo español, pero todo es extrapolable. Aparte, como suele pasar en este tipo de manuales pensados como manuales de supervivencia, le pega un buen repaso general a los fundamentos de la práctica docente, y eso nunca sobra.

¿Qué es el PEC? Básicamente, es el documento del centro en el que se recoge qué, cómo, cuándo, dónde y por qué del Centro. O sea.

sábado, 16 de junio de 2018

Josep Ballester: L'ODI

Me lo encontré en El Doctor Sax,
una dizque librería de viejo de València,
frente al consulado de Italia.
De hecho, sus dueños son italianos.
El espacio, encantador,
y lleno de libros en muuuuuchos idiomas.
De precio, bien.




L'odi es un poemario en valenciano que ganó, en 2004, el Premi de Poesia Ciutat de València. Su autor, Josep Ballester, trabaja en la Facultat de Filologia de la Universitat de València (o al menos trabajaba en ella cuando le dieron el premio).

El poemario está estructurado en distintas secciones, algunas de prosa poética y otras de poemas de los de toda la vida, con versos y estrofas.

Yo le paladeo una postura cínica a este poemario que no me termina de gustar. Muy acentuada al principio pero que se va aletargando a medida que pasan las páginas. Desesperación y cinismo buscando un punto de equilibrio. Sobre el final, se entrega al odio. A un odio fusteriano explicitado.

El último poema, sin título pero único integrante de la sección "De la ponderació del temps" (temps significa tiempo, por si alguien necesitaba saberlo), parece abandonar la rabia frente a la pérdida de sí mismo en tanto reflejo esclavo y muerto, para abrazar la desesperación por la pérdida de sí mismo en tanto envejeciente.

Yo, en general, enfrento mi propia sonrisa sardónica a los textos escritos con una ídem ídem, y me cuesta abrirme al placer de la lectura. Al final acabaron convenciéndome varias cosas de este poemario, de todos modos, pero no es el tipo de poesía que más disfruto leyendo. Hay pósits y subrayados.

domingo, 10 de junio de 2018

VV. AA.: Eufonia 17. El currículum oculto en educación musical

Me lo compré en Todocolección.
Después de cavilar unos días, al final, me compré el ejemplar 17 de la revista Eufonía, dedicado al currículum oculto en educación musical. No todo en la vida del opositor es leer Temario y leer legislación, estas cosas dan juego. Aparte, el tema me interesa.

Rebuscando en equipo editorial y firmas de los artículos, dos firmas rutilantes: Judith Akoschky y Silvia Malbrán. Ojo al piojo, entonces.

Entre los artículos, calidades dispares. Hay algunos que parece que sus autores jamás se preocuparon en investigar en nada que no sea su sentido común qué es eso a lo que dizque llaman currículum oculto —artículos sobre educación musical tocados de oído, vaya—, y otros mucho más reflexivos, informados y comprometidos. A estos últimos, seguramente, los acabaré leyendo varias veces.

sábado, 19 de mayo de 2018

Bibiana Collado Cabrera: COMO SI NUNCA ANTES

Me lo compré en una librería de segunda mano,
en línea ella.
Como si nunca antes es uno más de los varios poemarios que Bibiana Collado Cabrera, poeta valenciana, ha ido publicando hasta ahora en una carrera que parece bastante evidente que será larga y fructífera. Éste, dejando de lado poemas sueltos leídos o escuchados aquí y allá, es la primera obra suya que he leído. Si me preguntan, y si alguien se da por aludido, contestaré que ando bastante desesperadito por leer El recelo del agua, farcido de poemas más extensos y con la vida puesta en la memoria, por lo que he podido ver.

***

A partir de una segunda lectura, casi consecutiva, es que las piezas engranan en el poemario de Bibiana Collado, según lo veo yo. Lo que pasa es que Como si nunca antes es una lectura exigente, de estar en lo que estás —ahora lo llaman mainfulnes—, y como te descuides habrán pasado varias páginas de enterarte poco de qué va el asunto. A mí me paso, por ejemplo y a lo bestia, cuando he leído "¿He dicho que te quiero?" sin percatarme del título. No, no era un arrebato posmo del tipo "de tan malo/trillado es bueno/original" lo que acababa de leer. Para nada.

***

Como si nunca antes se interna por dentro de la piel de sus personajes. Insistentemente. Una resonancia puntualmente gore se te prende a los ojos en la repetición de los tendones, las vísceras o las venas como material poético. Las sábanas, rencorosas, húmedas de sudor y de agua, manchadas de cal, de ceniza, aferradas a la metástasis o cargándose el crecimiento personal de la autora de una manera cruel, embrionaria.

***

Quienes, como yo, hemos sido más y menos posmos en nuestra vida —yo he sido Generación X, pardiez, y Generación X una vez, Generación X para siempre—, sabemos que, a pesar de lo convencidos que estamos de que nada es verdad ni mentira, de que vemos que todo es mentira, de que vemos que nada es amor, si hay algo que nos obsesiona, que nos calienta la sangre, es la verdad, aunque debería ser la mentira. Y es que las formas de la mentira, bajo los ropajes de la falsedad, del cinismo ajeno —que siempre asociamos a la imbecilidad—, nos activa la carótida como sólo se la activa a quienes creemos en la Verdad por encima de todas las cosas. Así pues, la poeta dedica algunos de sus más agresivos versos a quien, definiéndose poeta anterior, se reivindica feliz y, por eso, más nunca poeta.

***

¿Y por qué se llama Como si nunca antes? Es el título del último poema, el que cierra el libro y, de alguna manera, parece que lo impugna. O no.

A mí me encanta meterme en el berenjenal absurdo de intentar musicalizar poemas (el genio o la genia que se le ocurrió la valiente ocurrencia de afirmar que la vara de medir calidades de las letras de las canciones es recitarlas sin la música, y a ver qué pasa, nunca se puso a pensar que ésta suele ser una tarea tan sin sentido como musicalizar poemas) y bueno, "Como si nunca antes" se presta muy bien para ponerle música. Es contundente y ambivalente, es decir, es inspirador. Y estoy seguro de que podría ser cantado como una canción de amor. Algo extraña, pero de amor.

Pero, sin embargo, nada más lejos. "Como si nunca antes" no viene a impugnar a Como si nunca antes, aunque al principio puedas comerte esa idea con patatas.

"Como si nunca antes", el poema, culmina el andar hacia el pesimismo de las páginas precedentes. Y es, para mí, imposible no hacerlo conversar con "La mentira", en el que la poeta recrimina la felicidad como coartada de algún alguien para no ser poeta. Tanto tiempo después, la felicidad es una venganza y forma parte de una impostura.

***

PD) Esta reseña no puede terminar con la palabra "impostura", che, no nos pongamos bestias e injustos. Reafirmo, pues, las ganas que tengo de leer El recelo del agua. Por temas y tratamiento —que es, ni más ni menos, que de lo que se trata.

sábado, 5 de mayo de 2018

Erri De Luca: IL TORTO DEL SOLDATO

Lo compré en una librería.
Hay traducción al castellano, por supuesto.
Desde hace un tiempo hay una novela, I pesci non chiudono gli occhi, que quería leer después de no sé qué reseña que me crucé por ahí que la recomendaba por cosas que me parecieron recomendables. Hace un tiempo, también, que me regalaron una traducción al catalán de esta novela, que tengo todavía en mi mesita de luz y que me resistía a leer, precisamente, porque estaba traducida. Pero ahora me parece que caerá, traducida y todo.

No recordaba el nombre del autor de I pesci, y creo que cuando me compré este libro tampoco es que los relacionara para nada, era simplemente un libro más en italiano para meterme entre pecho y espalda, cortito y de tema que puede interesarme, como a mí me gustan si los leo en italiano.

En seguida me enamoraron algunas cositas de esta novela, eso que se llaman hallazgos en los escritores nóveles, que De Luca no lo es, por supuesto. Reflexiones en torno a la verdad, su relación con ella si se es omnipotente o escritor, esas cosas. Bastante frase bonita.

La novela se estructura en dos secciones, se equilibra en paralelismos. En la primera sección, una especie de alterego del escritor nos cuenta que está traduciendo del yiddish una novela relacionada con el Holocausto. En la segunda, la hija de un criminal nazi huido a la Argentina nos cuenta su vida y la de su padre.

De un tiempo a esta parte hay muchísimos escritores que gustan construir sus textos en forma de espejo, haciendo que elementos de toda condición vuelvan a aparecer, transformados o no, equilibrando el asunto. En Il torto del soldato hay bastante de eso. Cosas como "la pura verdad" son dichas por personajes judíos perseguidos y por nazis perseguidos. La hija del nazi decide esterilizarse a sí misma para que no haya ninguna posibilidad de transmitir nada de la personalidad de su padre, es decir, se aplica a sí misma una técnica eugenésica, como hacían los nazis. La hija del nazi, a pesar de compartir la mentira en la que vive junto a su padre, a pesar de vivir oculta junto a él en tanto al abrigo de las miradas ajenas que lo buscan para, descubriendo su verdadera identidad, juzgarlo y condenarlo, se gana la vida como modelo al natural, es decir, desnuda ante las miradas de los estudiantes que la pintan. El nazi se obsesiona con la kábala, que es un arte adivinatorio judío basado en la palabra, y sella su destino a partir de la fortuita lectura de una palabra en yiddish de entre los papeles del escritor, en el fortuito encuentro que sucede entre ambos y que concluye la primera sección. El mismo título de la obra, "el crimen del soldado", remite a la pugna entre dos visiones encontradas. Esas cosas.

No parece, De Luca, un autor al que haya que dejar de leer, la verdad. En la mesita de luz me espera Els peixos no tanquen els ulls. Caerá.

sábado, 28 de abril de 2018

Rimas de Bécquer

Me lo encontré
en una casa de empeños.
Costaba 60 centavos.
Las Rimas empiezan con hojas en las tormentas y con contemplaciones de los abismos, entonces da un poco de miedo seguir leyendo, pero en seguida el poeta parece que aludiendo a esas tormentas y abismos estuviera desembarazándose de viejos ropajes. Y es de agradecer, además de ser la clave, seguramente, por la que las Rimas están a otro nivel.

Al final termina uno admirando a Bécquer, leyendo su poemario. Al Bécquer poeta, quiero decir, aquél que supo tan bien ir encajando poemas hasta construir una sólida biografía de sí mismo en tanto tipo que crece y cambia perdiéndolo todo en el camino. Varias veces me descubrí a mí mismo diciendo que sí con la cabeza, musitándole a Bécquer que sí, que sí que sabías componer maravillosamente bien un poemario, hacer que las piezas encajen.

¿Lo que dice? Y, a veces estás de acuerdo, a veces no. Lo que comenta Cano, en fin...

sábado, 21 de abril de 2018

Federico García Lorca: ROMANCERO GITANO

Hace unos días me compré, en una casa de empeños, una aviejada edición mexicana del Romancero gitano y de Poeta en Nueva York, con la "Oda a Salvador Dalí" intercalada.

En Argentina, creo, tuve dos veces el Romancero gitano. Una, en fotocopias, la otra de Losada. Ahora tengo en casa una de Losada diferente a la que tenía en Buenos Aires. La edición, de la imprenta que tenía mi abuelo en Colegiales. Después vendida en una librería de Madrid, según se intuye de una estampillita pegada en las últimas páginas. Finalmente, a mis manos que llegó, no recuerdo cómo.

Ya leí varias veces este poemario. Siempre cautivador y sorprendente, siempre haciendo que me reconcilie un poquito con mi mala memoria que permite que vuelvan a impactarme como primeras veces las animaladas sublimes que García Lorca escribía.

Cervantes virtual tiene una versión en línea de este libro, cuyos derechos de autor expiraron antes de lo que deberían por obra y gracia de los que, posteriormente, fundaron el Partido Popular.

Me da bastante pudor ponerme a repetir como lorito lo que he ido aprendiendo porque alguien me lo enseñó acerca de la poesía de Lorca. Básicamente, hay que estar atentos al color verde y a la luna. A todo símbolo fálico, a cualquier fluido corporal no del todo asqueroso. "Verde que te quiero verde" lo conocen hasta los perros, y a todos les gusta. Lo he escuchado mientras lo cantaban de forma gozosa, porque "verde que te quiero verde" es inspirador y evocativo, porque el verde recuerda la vida, su nacimiento y su pujanza, y porque está metido ahí en el medio el amor, la querencia. Pero el verde, según me han contado y yo me lo creo, es la muerte avanzando sobre un cuerpo que se va pudriendo en el fondo de un aljibe, apenas sostenido por el agua quieta y que la madrugada congela en parte. Y la muerte, espolvoreándolo todo bajo una capa de virutas de estaño, que lo extraña todo. 

Calculo yo que al Romancero gitano hay que leerlo regularmente, cumplir un ritual vital, buscar un ritmo propio que dure algunos años, y dejar de leerlo cuando uno ya esté viejito. Ahora y en la hora e mi muerte, básicamente.

domingo, 1 de abril de 2018

Jennifer Bassett: THE PHANTOM OF THE OPERA

Un compi de trabajo me lo dio.
Nunca leí El fantasma de la ópera hasta que me crucé con esta versión adaptada. Para mí, el fantasma de la ópera es un tipo más feo que pegarle a la madre, con una máscara como las venecianas y que toca la Tocata y Fuga en re menor de Bach. Tengo malas experiencias con la novela gótica, en el sentido de que Drácula me parece terriblemente mala (convengamos que después de alimentar un climax durante un viaje que dura setenta y cinco mil páginas, la forma que se ventilan a Drácula, como que no...) y que Frankenstein, en fin, dejémoslo estar.

Andá a saber qué tal estará leerse una versión completa de esta novela. Pero mi versión de Oxford Bookworms Library, para qué, está muy bien. Las cosas que pasan y los escenarios me parecen el no va más de las resonancias simbólicas. Una casa en el medio de un lago debajo de un teatro. Ríos pintados en las paredes que serpentean y se ríen de los personajes mientras los matan lentamente. Wow. Esas cosas pegan cosa mala.

Mi librito es un Stage 1, amarillito, bien for dummies hipotéticamente. Pero está plagado de frases en pasado y de preguntas que exprimen a conciencia su repertorio de 400 palabras. O sea, si acabás de aprobar hace unos meses un triste A2 de inglés, como es mi caso, te vas a cruzar con infinidad de frases que en la puta vida las hubieras escrito como Jennifer Basset lo hizo.

La verdad es que he quedado bastante desesperado por meterme entre pecho y espalda una versión completa de esta novela...

martes, 27 de marzo de 2018

Leonardo Sciascia: UNA STORIA SEMPLICE

Me lo compré nuevo, en librería y todo.
Una storia semplice es, por una parte, el típico policial negro en el que, si sale bien la cosa, como es el caso, lo último que te acaba interesando es quién es el asesino y, por el otro, como ha salido bien la cosa, una lectura que te arranca varias carcajadas pequeñas y amargas.

Sciascia ubica su novela en una Sicilia absolutamente rota, corrompida y en la que no se salva nadie. Unos, porque están percudidos de porquería; otros, porque aún tienen ánimos para salvar los muebles, para sobrevivir, y nadie queda incólume.

No hay inocentes en el librito de Sciascia. Y es de agradecer que no haya escrito su historia con la típica sorna posmo ante los culpables, hubiera sido indigerible. De todos modos, no creo yo que esta simple historia pueda ser contada posmoderneando.

Una extraña muerte, piezas que no encajan, dos cuerpos de policía (o como sea que se llamen allá en la bota) que se odian, un poco de nada es lo que parece, un final obscena y ahítamente tremebundo.

Dicen por ahí que la presencia de la mafia y del tráfico de drogas es palpable para quien sabe buscarla. Puede ser. Yo lo leí en italiano, y la verdad es que se me escapó el asunto.

Supongo que a quien le gustan novelas como Wilt o como La esmeralda candente, le tiene que gustar Una storia semplice. No es desopilante como aquéllas, pero tiene aquí y allá su punto. A pesar de que, como me dijeron hace un rato, una historia en la que esté la mafia de por medio nunca puede ser divertente.

Hay peli, y hay un tipo que se grabó leyéndola si se lo busca en YouTube. Hay, también, traducción al castellano.

lunes, 19 de marzo de 2018

Miguel Llor: EL SOMRIURE DELS SANTS

Criando vientos...
Han pasado cuatro años, y Laura decide volver a casa, con el cerdo de su marido, quien apenas la ve entrar a su habitación le echa los suficientes polvos como para volver a salir de la habitación ya al día siguiente, con el cuerpo y el aliento (de él) tan agrios como al comienzo del reencuentro. A Laura no le ha parecido mal, lo cual es normal, porque el personaje está muerto y es el autor quien lo ha matado. Los muertos no sienten, por si hacía falta aclararlo.
...cosechando tempestades

Nacen hijos, Laura sigue al pie de la letra las recomendaciones que por esa época se estilaban.

La trama se deshilacha, ni el autor demuestra mucho interés en ella. Los conflictos no son tales, porque son irresolubles. Pasan los años como suspiritos fraseados, alguno que otro parrafeado. Se nos cuenta que el cerdo del marido seguirá igual como es hasta el día de su muerte, y de eso nos enteramos a la mitad de la novela. Pasa la Guerra Civil, esa rebelión de las masas.

Leí esta novela apesadumbradamente. Es muy cortita, y me costó mucho acabármela. Laura da vueltas y vueltas, y vuelve al mismo lugar. Si en la primera novela se recluye en un convento, en la definitiva la definitiva reclusión es en su propia casa, junto a un marido que, como todos los hombres que se interesan en ella, no la merecen ni están a la altura de sus zapatos pero que, curiosamente y al mismo tiempo, el autor nos lo revela como mejor que Laura, a su manera, porque, como los peronistas borgeanos, no es ni bueno ni malo, el pobre, sino incorregible.

Teresa y Laura, las cuñadas, siguen adelante como pueden. Se saben y sienten malas e indignas de compasión, y tienen la autoestima por los suelos. Su mayor pecado es no amar a un hombre. Mismamente como la viuda señora Oriol, que se lo revela a Laura en una de las postreras conversaciones que la protagonista.

La tristeza y humillación paralizan a los hombres, pero infunde fuerzas a las mujeres, en esta novela. Aun así, la historia de Laura no puede ser más funeraria, porque Laura está muerta, es un autómata que vive, a su manera, para los demás. El autor, ambivalente pero impiadoso, no puede evitar explicarnos la indigencia sentimental de Laura, su incapacidad para el amor cuando casi no quedan páginas para restregárnoslo por la cara. Se muere Magem, el viejo medio loco y casi amigo íntimo de Laura, y ésta se descubre a sí misma como si acabara de llover.

Cuentan por ahí que El somriure dels sants fue una intentona de Llor de congraciarse con quienes había ofendido en Laura a la ciutat dels sants. Puede ser. Me cuesta ubicarme en la época, y quién sabe. Transformar a Laura en algo homologable a la peor de todas quizás funcionaba para eso.

domingo, 25 de febrero de 2018

VV. AA.: Italiano per stranieri. 202 esercizi A1-A2 con soluzioni e grammatica di riferimento

No me quedó más remedio que comprarlo en Amazon,
deles dios mal galardón:
me costó un huevo, por supuesto.
Ya me lo estoy acabando. Me queda una semanita o así de ejercicios. El examen de certificación de mi humilde A2 de italiano que me hará inflarme como un pavo real cuando lo tenga está a la vuelta de la esquina, y este par de libritos vienen muy bien para ese objetivo tan sencillo que puede tener cualquier estudiante de lenguas, es decir, disponer de un buen puñado de actividades sistemáticas y progresivas sin tener que calentarse mucho la cabeza buscándolas.

Mi Italiano per stranieri cuenta con numerosos ejercicios de meter la letra del masculino o femenino, muchos de poner artículos y esas cosas, muchos de conjugar en presente, passato prossimo, futuro semplice, passato imperfetto. Mucha lectura, mucha comprensión de texto, mucho ordenar frases. Poquito de vocabularios específicos del tipo la casa, los viajes, el cuerpo, ir de compras y esas cosas, así que ojo al piojo con eso.

¿Estoy contento con mi compra? Pues sí.

domingo, 18 de febrero de 2018

VV.AA: Cuerpo de Maestros. Educación Musical. Temario

Quizás lo compré directamente a la editorial Mad.
Quizás lo compré en Casa del Libro. O vaya uno a saber.
Lo que sí sé es que me costó un huevo.
A mi manera, quiero bastante a este libro, a este manual. No puedo decir "a mi muy especial manera", porque mi amor se nutre del viejo te amo, te odio, dame más que guía tantas de nuestras decisiones.

Este temario es de los pocos libros que tengo subrayados y anotados del principio al final, a lo largo de sus más de 700 páginas. A pesar de que nunca he sido consecuente con mi propósito de leerme un tema al día (desde) ahora y (hasta) en la hora de mi muerte (o de aprobar con plaza la oposición, lo que suceda antes), lo cierto es que ya lo leí más de una y más de dos veces.

Yo miro mi Temario, lo observo, le cuento las manchas de café, las páginas pegadas con cinta adhesiva y de prisa (ya que salía tan caro podría haber sido encuadernado con hilo, en vez de con pegamento y arreando...), las arrugas, roces y roturas, y me hace acordar al tremendo y trajinadísimo diccionario ¿Oxford? que un muchacho (que "conocí" viendo un documental) usaba para preparar sus participaciones en los concursos de deletreo a los que los anglófonos son tan aficionados. Y muchas veces es bueno leer y releer mi Temario, porque se me olvidan cosas que me las refresca, y vuelvo a reflexionar y a encajar piezas.

Es bastante evidente que mi Temario fue escrito muy, muy rápido. Muy de prisa, o sea. Eso se nota aquí y allá, en frases que no están todo lo bien que podrían estar, en repeticiones de cosas que no hace falta repetirlas, en algunos tópicos apelados como si de salvavidas se tratara, en citas bibliográficas a la que te criaste. Pero qué paliza inalcanzable parir semejante tocho. Ya sé que hay gente que si se le da por escribir setecientas páginas le sale un Ulysses, es claro, pero mis respetos.

Obviamente, a la LOMCE ni está, ni se la espera en mi Temario de 2010. Ni qué hablar del decreto de Currículo de la Comunitat Valenciana ni el resto del entramado legal pedagógico de la terreta. Es un contratiempo, pero me obliga a leer con las antenas paradas.

Ahora salieron versiones adaptadas a la nueva normativa. Es lo que hay.

sábado, 3 de febrero de 2018

Miquel Llor: LAURA A LA CIUTAT DELS SANTS

Me lo habré encontrado en algún rastro.
Leí Laura a la ciutat dels sants hace unos cuantos, cuantos años. El prólogo de mi edición popular me avisa de que Miquel Llor cometió, lustros después, el pecado de escribir El somriure dels sants, pero seguramente lo leí después de leer la novela, porque si no no la habría leído. Mi ejemplar de tapas blandas, de Edicions 62 y "La Caixa", está bastante más subrayado y anotado en las primeras páginas que en las últimas, como corresponde (y mirá que odio cruzarme con libros anotados al principio y desanotados al final, qué asco y qué vergüenza ajena que me dan). Las mías son las anotaciones de un extraño, en definitiva. Las de un tipo que, alguna vez, acusó al autor de no comprender a su personaje, allá por la página 69. A saber.

Hace unos días me compré por Internet un ejemplar de El somriure dels sants que todavía no me llega. Es una primera edición, aunque baratísima. Me imagino que odiaré al autor aún más que ahora, que sólo tengo referencias de segunda mano acerca de cómo traicionó ¿su alma? para salvar ¿el culo?

En fin.

Que me cuenten a mí que no hay verdad y mentira en la ficción, a ver si me lo creo.


domingo, 28 de enero de 2018

Laura Ingalls Wilder: LITTLE HOUSE ON THE PRAIRIE

Lo conseguí en una casa de empeños.
Hace un rato terminé de leer Little House on the Prairie en una versión adaptada por Oxford. Es claro desde el principio por qué este libro ha sido tan inspirador, por qué tantas generaciones han seguido fascinadas las aventuras de la familia Ingalls, tanto en su versión original como, posteriormente, en la serie de TV.

Little House on the Prairie es una novelita de aventuras en la que, al menos en mi versión adaptada, prácticamente en cada capítulo la familia Ingalls se enfrenta a un grave peligro o contrariedad y encuentra la forma de salir bien librada. Al capítulo 6, en el que la familia Ingalls casi acaba diezmada por una epidemia de malaria, le sigue el capítulo 7, en el que las hermanitas reciben in extremis su regalo de Navidad gracias a Mr Edwards, un vecino que cruza a nado un río cercano, en pleno invierno, para poder acercárselos, contándoles que papá Noel le encargó hacerlo porque está ya muy viejito para hacerlo por sí mismo. Bastante antes, habían salido bien librados de una manada de lobos que los acechaban por fuera de la casa a medio construir, sin puertas ni ventanas. Antes y después, las inquietantes y muchas veces indescifrables visitas de los indios de la zona, quienes surgen como oponentes pero que acaban jugando en la historia un papel clave, profundo y nada maniqueo.

La autora es la protagonista de la novela, que no de la aventura (Pa acapara este rol, casi siempre es el que encuentra las soluciones si éstas necesitan de brazos fuertes, corazón ancho y un poquito de astucia o habilidad. Pero su lugar es misterioso, porque es la autoridad indiscutida).

Laura Ingalls, contándose a sí misma en tercera persona, es quien acaba mostrando su alma y sus incógnitas. Su corazón bate con fuerza cada vez que suenan los tambores indios a la noche, y si le preguntan por qué deseaba tan desesperadamente quedarse con un bebé indio que pasaba llevado por su madre durante un éxodo hacia el oeste de las tribus cercanas, apenas puede articular que "sus ojos eran tan negros...", llorar, y no poder siquiera explicarse a sí misma qué había querido decir. Mientras, la Laura Ingalls adulta, la que escribe la historia, no deja de señalar el porte de los indios, su piel perfecta y salvajemente bronceada, su habilidad para dejarse ver sólo cuando se les antoja, el brillo de sus ojos y lo espectacular de sus atuendos, cuando los llevan. En un Estados Unidos donde la segregación manda, el fascinado terror que los indios despiertan en Laura debía sonar a sacrilegio (me encantaría saber si Little House on the Prairie tiene su El somriure dels sants que así, a bote pronto, se me antoja inevitable...).

Me encantaría saber, además, si la elección de Laura Ingalls como protagonista de la novela no tiene toda la intención de que lo inaceptable sea asumible, porque son sólo tonterías de una niña. A saber.

Éste es otro de los libritos adaptados que, si alguna vez lo encuentro en su versión integral, estaré encantado de volver a leerlo.

sábado, 20 de enero de 2018

Ariel Dorfman y Armand Mattelart: PARA LEER AL PATO DONALD. COMUNICACIÓN DE MASA Y COLONIALISMO

Me lo trajo un tío una vez que vino de visita.
En Argentina teníamos la vieja
edición de tapas blancas,
que no sobrevivió a la mudanza internacional.
La encuadernación, espantosa:
ya se resecó el pegamento y se está
partiendo y las hojas despegando
(menos mal que me gusta horrores coser
las páginas de mis libros favoritos
cuando se deterioran).
Espantosa es, además,
la copia de alguna edición anterior
que hicieron para sacar adelante la que conservo:
las imágenes tienen una calidad patética,
y las letras parecen comidas por ratoncitos...












Cuando se estrenó El rey león, en 1994, yo contaba con 20 añitos y con algunas lecturas sencillas, como el Manifiesto comunista, el Diario del Che en Bolivia o Para leer al pato Donald, entre pecho y espalda. Lo que vi en El rey león fue que los poderosos estaban como predestinados tales (gracias, Góngora), que quienes disputar su poder osaban inevitablemente feos, sucios y malos eran (gracias, Yoda), y que cuando los poderosos conservaban o recuperaban su poder todo volvía, milagrosa pero naturalmente, muuuuuuuy naturalmente, a la abundosa normalidad.

El otro día volví a ver El rey león, y lo que vi fue, de lo mismo, un 75%.


El "manual de descolonización" intitulado Para leer al pato Donald es un recontraclásico entre las lecturas que una persona más o menos de izquierda tiene que leer si es latinoamericana. Habla más o menos de las mismas cosas que El currículum oculto, esto es, de cómo la ideología dominante casi no necesita ser explicitada para ensuciar todo lo que toca.
















Dorfman y Mattelart analizan viñetas como éstas:

Aquí, mostrando cómo el reino de la fantasía
no teme chapotear en el barro de la realidad
(para mayor gloria del Tío Sam, por supuesto).

Poco hay que añadir al respecto, pero los autores lo hacen, y con altura.
También analizan la forma en que los nativos (poco importa si son de Papúa, aztecas o árabes de algún desierto indeterminado) se relacionan con los occidentales. Los nativos siempre son buenos en el fondo, les sobran sus recursos naturales y dependientes de que los occidentales los salven a cambio de esos recursos naturales que, en el fondo, no les sirven para nada porque son puros y no dependen del vil metal. Son felices así, respirando.

Las ediciones o reimpresiones argentinas (la mía es de 2005, y las hay al menos hasta 2012, que es la que venden Casa del Libro o la fnac; aunque ediciones anteriores se encuentran más baratas si se busca por ahí) cuentan con un prólogo de Héctor Schmucler que da buena cuenta del escándalo que las fuerzas vivas de distintos países impulsaron contra este libro.

Hay una entrevista en la que Dorfman manifiesta que Para leer al pato Donald "fue escrito en un momento de lucha social en Chile y dentro de una revolución que intentó cambiar todo. Se escribió en diez días, en el calor de la lucha por la supervivencia". Y sí, era el gobierno de Allende, cuando parecía que todo podía cambiar y después llegó Pinochet de la mano de sus aliados yanquis. Así funciona.

Para leer al pato Donald no es, pues, un libro perfecto, ni muchísimo menos. Pero aporta una mirada imprescindible. Con mucho menos talento y seriedad que Dorfman y Mattelart, cualquier hijo de puta neoliberal se transforma en un gurú amado por los medios, así que no jodamos.

sábado, 13 de enero de 2018

La imposible elevación de Maruja, protagonista de No una, sino muchas muertes (Enrique Congrains Martín)

El texto se deconstruye a sí mismo.
Paul de Man

Toda lectura es una resta.
Sonia Mattalia

Fundamentación y objetivos
Mi... tesssssssoro...
(el de la izquierda, primera edición
dedicada por el autor al ¿ignoto? ciudadano español
Enrique Montenegro; la segunda, la de Planeta,
es la del horrendo prólogo de Vargas Llosa).


No una, sino muchas muertes (Buenos Aires: Embajada Cultural Peruana, 1957) narra algunas horas en la vida de Maruja, su protagonista, una joven de dicesisiete años que encabeza una suerte de golpe de estado contra su empleadora, la Vieja, desde sus primeros pensamientos e intuiciones, las distintas decisiones vitales y prácticas que acomete, hasta el posterior fracaso de su plan y, paradójicamente, su victoria, al menos ante sí misma, como persona coherente entre sus deseos, su ética particular y sus acciones, además de llena de fuerza para enfrentar el resto de su vida.

El autor, Enrique Congrains Martín (Lima, 1932 — Cochabamba, 2009), ha declarado en una entrevista de 1971 que:
«quise que mi novela se consagrara al tema de la mujer […]. Maruja es la más inexistente de todas las mujeres que podía ofrecer la realidad peruana que yo descubría entonces […]. Al elegir como protagonista de mi novela a un personaje tan conscientemente opuesto a cualquier prototipo o arquetipo que brindara la realidad, lo que yo hacía en el fondo, era tratar de denunciar la situación de la mujer peruana… y al mismo tiempo burlarme de los patrones femeninos convencionales… y al mismo tiempo quería decir, más o menos, “éstas son las verdaderas posibilidades de realización de una mujer” o “una mujer debe atreverse a todo, a absolutamente todo”» (Luchting, 1974: 33-34).
Desentrañar, o no, si efectivamente Maruja es un personaje «opuesto a cualquier prototipo o arquetipo que brindara la realidad» (esta afirmación es compleja en sí misma, por otra parte, quizás hasta contradictoria), ante la imposibilidad de manejar estudios sociológicos o antropológicos, no es una tarea que pueda resolverse en el presente trabajo.

Maruja es considerada por distintas fuentes como un fascinante y complejo personaje femenino en la literatura peruana. Gnutzmann (2007: 125) afirma de ella que «concentra todas sus fuerzas en la lucha y las palabras clave que la definen son “voluntad”, “iniciativa” y “coraje”». Luchting (1977: 66-67) afirma que «representa una mujer absolutamente imposible en el Perú de aquellos años)» y que es una «heroína» (1974: 7). Vargas Llosa (1975: 12) explicita la calina de su imaginario al sostener que, a Maruja, «una [sic] la adivina (el narrador tiene la malicia de no decir palabra sobre su físico)1 terriblemente bonita». Miguel Gutiérrez (2008: 39) es taxativo cuando afirma que Maruja es «[…] quizás el personaje femenino más fascinante creado por los narradores del 50 […]». Antonio dos Santos (2010: 150) describe a Maruja de esta forma:
[…] una protagonista, que vive en un ambiente estrecho e inhumano, varios de los problemas que afectan al ser humano, principalmente al hombre moderno: angustia frente a sí mismo y frente al mundo, situación dramática entre dos llamadas (la del gregarismo y la de la elección personal), la disposición a darse o a negarse, y la capacidad de crecer desde sí mismo participando de los otros.
La novela narra, también, la historia de un desengaño, de un tránsito interior de su protagonista, desde una posición subordinada y dependiente, hasta la soledad, la independencia y la coherencia. Un tránsito para el cual parece indispensable la más absoluta derrota de sus planes unida al también absoluto desamparo: sin medios de vida, sin botín, sin planes concretos de futuro, herida quizás gravemente, abandonada y abandonando a los hombres con los que se confabuló, pero habiendo «terminado el entrenamiento, la educación de sus manos […] sin desviarse a ningún lado, […] [avanzando] hacia el mundo de barro y cemento que siempre bordeara, observando y midiendo de lejos (p. 196)».2

Así pues, el presente trabajo se centrará en la personalidad y motivaciones de Maruja, su relación con ella misma y con el resto de personajes, incidiendo especialmente en los roles de género que se desprenden de estas relaciones y hasta qué punto son subvertidos, utilizados o víctimas de ellos. También se indicarán algunos elementos simbólicos desarrollados en el texto de Congrains, los cuales están relacionados con los puntos anteriores.

Maruja, mujer macho
Maruja es una menor de edad, tiene diecisiete años. Ha sido repudiada por su madre (p. 21)
:«—“Es bien sufrido haber llegado a la edad ésta, y tener en casa a una muchacha como tú, y ponerse a pensar en lo que una era antes”— decía en momentos de mayor serenidad, alternando con frases más violentas que surgían incontenibles, necesarias, urgentes».



Maruja ha sido abandonada, también, por el negro Manuel, «el primero en arrancarle gemidos durante el amor» (p. 20), el hombre más importante que ha habido en su vida y modelo de conducta y de hombría para ella (Lutching, 1974: 23): «A Manuel no lo agarrarían así» (p. 17) piensa Maruja al comienzo de la novela ante la primera de las humillaciones que sufre Alejandro, el primero de los personajes masculinos en los que ésta intenta apoyarse y transformar para llevar a cabo sus planes, que en ese momento aún no están claros en su mente pero que acabarán en la toma del lavadero de pomos donde trabaja; «—Manuel no le decía a nadie cómo hacía para encontrar y traer a los locos, pero de tanto estar con él terminé sabiendo todos sus secretos» (p. 86) explica a Alejandro, quien se mantiene siempre escéptico ante sus planes. Maruja instruye a Alejandro, escéptico, también, acerca de las posibilidades que tiene éste de enfrentar a su grupo (p. 87):
«—Peleas sobre tu sitio —le sugirió, recordando cómo el negro Manuel, cierto domingo en la playa del Agua Dulce, se mantuvo, con un pie puesto encima de un billete de cincuenta soles, aguantando las arremetidas de un marinero» […].
Cuando planean el asalto al lavadero, Maruja explica la forma de deshacerse de los perros bravos que lo cuidan, método que ha visto llevado a cabo por el negro Manuel (p. 138):


«—Claro —dijo Maruja—. Pero sólo hay una manera de hacerlo: corres con un pañuelo en la mano, como si llevaras algo robado, y entonces los perros, en vez de morderte por atrás, te van a sobrepasar para atacarte de costado. En ese momento te plantas en el sitio que estás y empiezas con la chaveta, dejando que el perro, con el impulso que tiene, mordisquee un poco el aire. Así unas tres o cuatro veces hasta que el perro ya no pueda más. Todo el secreto está en que tú puedas parar más rápido que el perro».

De todos modos, a pesar de que durante la práctica totalidad de la novela Maruja busca un hombre en el cual apoyarse, al cual transformar y con quien mantener una relación simbiótica, equilibrada, al comprobar que ninguno de los hombres con los que se ha relacionado comparte con ella su visión, no duda en seguir su camino en soledad, desdeñando incluso del negro Manuel, a quien despide enmascarándose «detrás de una sonrisa» cerrando su piel, «conservando dentro suyo el fuego», a salvo «su vuelo», «su estatura de metal» (p. 200).

Gnutzmann (p. 124) afirma de Maruja que es «una mujer, más “macho” que los hombres que la rodean y que pretenden dominarla o violarla». Éste es un dato clave para la comprensión del personaje. El narrador explica que Maruja (p. 76):
«Iría tras el grupo [al que pertenece Alejandro] en procura de alcanzar una jerarquía digna y útil, cooperando de igual a igual en la búsqueda de locos, influyendo en las tendencias y propósitos que sostendrían la trabazón interna de esa especie de hermandad apta para el triunfo, y finalmente, decidió ella, sus palabras y actos, en el caso de que su sola presencia resultara insuficiente, servirían para señalar las rutas directas hacia arriba y para eludir los blandos caminos equívocos».
Es cierto que Maruja interactúa con los hombres «jugando en su terreno» hasta el punto de que, efectivamente, llega a ser «una mujer, más “macho”» que los muchachos de la banda que acaba liderando durante unas horas. Esto se presenta claramente cuando desafía a un duelo con chavetas a uno de los líderes que se van imponiendo dentro de la banda, el Michi, quien, pese a haber ganado su posición mediante la violencia, precisamente imponiendo su propia arma sobre el líder anterior, cede sin luchar ante la enorme voluntad desplegada por Maruja durante la escena que ésta lo desafía (pp. 171-172).

El juego permanente con la indeterminación que lleva a cabo Maruja frente al grupo de muchachos se explicita desde su primer encuentro con éstos: Maruja aprovecha la escasa visibilidad del basural para que los muchachos la persigan creyendo que es uno de ellos (p. 108).

Si es cierto que «la mujer no tiene un lenguaje suyo, sino que más bien utiliza el lenguaje del otro» (Cavarero, 1987: 180), Maruja cuando consigue los mayores niveles de concreción de sus objetivos es cuando acierta con más precisión en la elección de sus palabras, ya sea por ubicar su lenguaje en un registro «más “macho”» que el de los personajes masculinos, o bien por decir lo que los hombres esperan que diga Maruja siendo mujer: darles la razón, aceptar sus puntos de vista como los mejores, más razonables, palabras y actitudes que actúan como un bálsamo en sus estados de ánimo.

De este modo, no es sólo mediante el «atributo masculino» de la violencia que Maruja consigue imponer su voluntad. Maruja siempre es consciente de qué es lo que esperan de una mujer los personajes masculinos, y lo utiliza en su favor. Al final de la novela, cuando ya ha comprobado que ninguno de los hombres comparte su proyecto a largo plazo sino que agotan su voluntad en la inmediatez del botín que pueden quitarle al Zambo si es que consiguen cortar su huida, despide a los hombres alagando sus egos, dándoles la razón, presentando como una simple humorada de su parte el haber insistido en que lo único importante era la puesta en marcha del lavadero de pomos propio. Toma el pelo y se quita de encima, de esta forma, primero a Fico (p. 196) y finalmente al negro Manuel (p. 200).

Maruja manipula su condición de «sujeto femenino» frente al grupo de muchachos, a veces ocultando tal condición, con lo que consigue igualarse a los muchachos o evitar ser su víctima o, exacerbándola, colmándola de tópico.

La escena en la cual el grupo de muchachos, cuando recién acaban de conocerla, se convence de violarla en grupo, es ilustrativa de la consciencia de sí misma y de lo que representa que posee Maruja. En cuanto surge la idea, el deseo de violar a Maruja se va haciendo más imperioso en diversos integrantes de la banda. A este deseo, Maruja opone su sangre fría, transformando la segura violación colectiva en una moneda de cambio que ella ofrece a sus captores primero y, después, en un acto anodino, casi burocrático, un acto desligado del deseo sexual o de dominación y que, finalmente, jamás llega a producirse:
«—No —dijo Maruja, trabando a Juan, a Pepe—. Hay una cosa mejor que podríamos hacer. Mejor que hacerle daño a Fico, mejor que ponernos a jugar al fusilico, mucho mejor que las cuarenta libras del loco» (p. 120). […] «—Si la cosa se va al diablo —dijo entonces Maruja—, se desquitan conmigo haciendo ese fusilico que quieren» (p. 124). «—¡Asegúrales a tus compañeros que van a sacar treinta libras, y yo me dejo hacer todo el fusilico que quieran! —vociferó, sintiendo que no arrojaba palabras sino piedras—. ¡Asegura las treinta libras y estamos a tus órdenes! ¡Asegura que cada uno va a sacar treinta libras y yo soy la primera persona en ayudarte!» (p. 130).

No hay que perder de vista, también, que el autor afirma, ya en 1971, que (Luchting, 1974: 39): «Insisto en que Maruja no quiere ser un hombre sino un ser humano “total”. Inevitablemente, esto le hace coincidir con el arquetipo de comportamiento masculino».

Mujer contra mujer
La condición femenina de Maruja funciona casi sistemáticamente como un handicap a la hora de relacionarse y de llevar a cabo sus planes. Como se ha visto, la madre no soporta tener «una muchacha como tú», afirmación cuya resonancia es inequívoca para el lector que sabe que Maruja es activa sexualmente. El ayudante de la Vieja, el Zambo, es gráfico en la escena en que su empleadora despide a Maruja del lavadero (p. 103): «—¡Putitas de mierda que joden el lavadero, ya no, carajo!». El grupo de Alejandro, como se ha visto, ante la desaparición de éste y la ausencia de pago por el loco que arreó hasta el lavadero de la Vieja, toma la decisión de violarla en forma colectiva (p. 118):


«—Para que no creas que nos olvidamos que llevas faldas —dijo El Michi—, te vamos a hacer el fusilico. Vamos a ver cómo quedas después que todos nos pasemos por ahí —y con un afiebrado movimiento de cejas señaló hacia su cuerpo» […].
Cuando Maruja y Alejandro están a punto de consumar la agresión sexual, un loco los descubre fortuitamente y reacciona con violencia ante la desnudez de Maruja, actitud que se contagia al resto de locos y que obliga a la protagonista a escapar sin poder cubrirse. La reacción del loco es sintomática (pp. 69-70):
«—¿Mujer, no? —preguntaba el loco a gritos, más a él mismo, a sus embrollados recuerdos, que a ella—. ¡Mujer! ¡Mujer, acá! ¡Mujer, acá! —estalló, bamboleándose y golpeando ferozmente sus muslos con los puños cerrados, impetuosos en su bajar y subir».

Maruja huye del loco que avanza hacia ella; tiene que saltar una cerca y cae entre los infinitos desperdicios que cubren el basural. Acaba en el cauce del acequión, recuperando la conciencia de sí después de rodar hasta el agua, después de sentir en su cuerpo el «fuerte olor a cosa fermentada» (p. 70) que la basura ha impreso sobre su piel.

Después de este episodio en el cual su condición de mujer la expone, incluso, a ser maltratada por un hombre discapacitado que apenas es dueño de sus actos, Maruja se encuentra sola, desamparada, desnuda, perdida sobre un basural en el cual, por momentos, ni siquiera le es posible hacer pie sin abrasarse por la quemazón interna de los desperdicios. Maruja demora bastante en adquirir consciencia de su propia desnudez (p. 72), en un estado en el que ni siquiera siente dolor por las múltiples laceraciones de la basura sobre su piel (p. 71).

A pesar de que, al tomar consciencia de su desnudez «su búsqueda [de basura útil para cubrirse] se hizo rápida, astuta, fervorosa» (p. 72) no puede evitar que un personaje del basural, el barbón, la descubra e intente atraparla, llamándola primero alegremente y, al comprobar que Maruja era más rápida que él, con «pena y desilución» (p. 73). El barbón la llama siempre con el nombre de «Juanita», sin que llegue a explicarse el motivo de ello.

Una igualdad imposible
La búsqueda del hombre con el cual igualarse lleva a Maruja a relacionarse, sobre todo, con el negro Manuel y con Alejandro. Ambos hombres, profundamente diferentes entre sí, no sólo no llegan a igualarse con Maruja sino que, en realidad, son álter egos opuestos de ella, situación que se refuerza, también, mediante el simbolismo de la oposición de acciones y consecuencias simétricas.

Las personalidades del negro Manuel y Alejandro no pueden ser más disímiles. El primero es un hombre hábil, resoluto y experimentado (p. 43); el segundo, a despecho de las primeras impresiones que ha tenido Maruja, engañada por su desarrollo físico y la violencia con que trata a un loco (pp. 14-15), resulta ser un completo pusilánime. Ambos hombres, sin embargo, comparten el hecho de que sus destinos y acciones son opuestos a los de Maruja:
  • Si el negro Manuel es capaz de pelearse a chavetazos con un marinero, fría y eficientemente, y llenarle los brazos de cortes a cada embestida (p. 88), Maruja acaba con su propio brazo destrozado bajo los dientes de uno de los perros de la Vieja al que consigue matar en un último esfuerzo desesperado durante la toma del lavadero de pomos (pp. 139/141).
  • Si Maruja, dominada por el deseo sexual, que en ella es una de las dos caras de la voluntad, exhibe a Alejandro su vagina entre «sus inconexas piernas» después de dejar caer su falda (p. 69), intentando «guiar su vista hacia lo que rehuía mirar con tanta obstinación» (p. 77), Alejandro le enseña, descaradamente, buscando su compasión, culpándola tácitamente de ello, una herida infamante que, sobre su frente, uno de los compañeros del grupo le ha infligido como una certificación de sus defectos (pp. 77/79).
  • Maruja es coherente entre sus deseos y sus acciones, tanto por actitud como por imposibilidad de no serlo; asume la iniciativa, juega un papel activo, transita de forma casi perfectamente recta el camino que de las acciones llevan hasta la consumación de los deseos hasta que, finalmente, consuma el acto sexual con Alejandro, quien era virgen antes de conocerla (p. 91). Alejandro acomete, espasmódico, distintas gestualidades simbólicas del coito cuando la ansiedad lo sobrepasa: pisa con fuerza el techo de la terraza (la «covachita»), donde Maruja lo ha llevado, hasta hacer un agujero en el mismo (p. 46); agarra una rama y azota el aire (p. 48) hasta dejarla «atravesada sobre la tapia» (p. 49); realiza paseos repetidos, simétricos, en un espacio cerrado (p. 65); se pasa un pomo arrojándolo de mano en mano con movimientos cada vez más amplios (p. 67).
La búsqueda de un hombre igual a ella se presenta, para Maruja, como un imposible. Los hombres huyen, como Alejandro, o se van, como el negro Manuel; ella se queda. Los hombres agotan su voluntad en la inmediatez; Maruja, la alimenta con el futuro.

Simbología
La novela está cargada de simbolismo, el cual se va presentando metódicamente a la mirada del lector.

Si bien es cierto que el texto de Congrains no ha generado una displasia crítica a la altura de otros más ricos simbólicamente —No una, sino muchas muertes no es La metamorfosis—, lo cierto es que encierra en las poco más de doscientas páginas de la edición original una siempre posible lectura doble de cada suceso que presenta al lector. Y esto se cumple incluso a pesar del narrador, intrusivo según varios trabajos críticos (Luchting, 1974; Vargas Llosa, 1975; Shaw, 1981), y del mismo escritor, quien reiteradas veces ha explicado, cuando se lo han preguntado, las historias secretas que pretendió encerrar en su novela.

Resulta cuanto menos curioso que los textos críticos con respecto a la misma adolezcan, en algunos casos, de severas faltas de atención con respecto a este elemento esencial de la historia.

Vargas Llosa, en su prólogo a la edición española de 1975, se muestra ciego a la simbología de la novela, llegando incluso a negarla; Donald Shaw (1981: 190) informa que el texto destaca por la «riqueza de su simbología» pero que «no cabe duda que tal simbología resulta a veces excesivamente obvia y falta de polivalencia»; Lutching (1974: 57), por momentos más analítico y certero, afirma que:
«todos [los símbolos] son siempre muy discretos y funcionan sobre por lo menos dos niveles, como es la naturaleza de un símbolo literario: en el nivel de las circunstancias de la historia que se narra, y en el de sus ecos en la superestructura de la novela».



En este caso tampoco debe perderse de vista que incluso el mismo autor de la novela se muestra dubitativo acerca del valor simbólico de algunos elementos del texto. Así pues, con respecto al que parece ser uno de los más claros símbolos fálicos utilizados en la construcción alegórica del texto, el tubo fluorescente, Enrique Congrains afirma en 1971 que (Luchting, 1974: 43): «hasta donde recuerdo, y hasta donde puedo bucear en mi subconciente, no creo que el tubo fluorescente sea un símbolo fálico […]».

Dejando de lado estos antecedentes, si los dos rasgos de la determinación de Maruja son su voluntad y su deseo («sus antiguos razonamientos y la exigencia de sus más auténticos deseos», según explica el narrador durante la presentación del personaje (p. 11); una «criatura de 17 años, llena de los deseos sexuales que desagota sobre cualquier basural y del ansia de poder que circunscribe a las leyes del mundo que habita: un lavadero de botellas que explota veinte locos dirigidos por una vieja avara» [Ainsa, 1968: 63]), la elección de lo que éste elige describir de su cuerpo e indumentaria, a despecho del inventario de ocurrencias que Vargas Llosa registra en letras de molde en 1975, no puede tener mayor carga simbólica.3

De la vestimenta de Maruja, sólo dos datos nos suministra el narrador: que lleva una «gorrita roja» (p. 9) y una «verde falda» (p. 70). Luchting (1974: 58) se limita sólo a señalar este hecho, comentando que:
«sobre algunos de estos elementos simbólicos sólo podría conjeturar: las dos heridas, por ejemplo, la de Maruja y la de Alejandro;4 el polvo rojo (¿el polvo, rojo por lo demás, que levanta una sublevación?); la gorrita roja (¿es como la gorra frigia de la Revolución Francesa, de aquella precisamente que trajo al poder al burgués?), la falda verde (tanto como esparadrapo de Alejandro cuanto como vestimenta de Maruja) […].
Ambos colores, el rojo y el verde, quizás simbolizan la racionalidad y el deseo de Maruja, por lo que la elección de qué color lleva cada prenda de ropa puede ser intencionada.

El verde simbolizaría el atavismo, los instintos, una cara de la determinación de Maruja. No en vano tiene Maruja una de sus dos «covachitas», donde acaba consumando el acto sexual largamente postergado con Alejandro, en medio del matorral más salvaje. La falda verde de Maruja, del mismo color que el matorral, cubre uno de los motores que alimentan su voluntad, su propio sexo. La identificación con la naturaleza en Maruja la lleva al punto, por ejemplo, de que cuando la embarga «la más pura alegría su boca se inundaba de jugos silvestres» (p. 197).

El rojo simbolizaría las ideas de Maruja, desde que nacen en su mente, aún difusas (la «gorrita roja» de Maruja es nombrada insistentemente, durante varias páginas, mientras ésta va aprehendiendo el plan que se forma en su mente [pp. 59-61]), hasta que culminan en el secuestro del grupo de locos y su desplazamiento hasta la fábrica de ladrillos abandonada, donde el rojo invade el espacio y el aire y se comporta como las llamas de un incendio.

En este sentido, no es ociosa, aunque quizás peque de redundante, que Francisco José Lombardi, en su adaptación al cine rodada en 1983, haya decidido por título el de «Maruja en el infierno».

Tampoco parece ociosa la forma en que Alejandro se interesa por la gorrita de Maruja mientras sopesa sus palabras, la forma en que juguetea con ella, en que introduce un dedo y la hace dar vueltas, hasta que la arroja, nuevamente, sobre las piernas de Maruja.

Cuando Maruja se decide a presentar sus planes aún embrionarios a Alejandro, la primera interacción que realiza con él es quitarse su gorrita roja y entregarla a Alejandro (p. 59). Ordena a Alejandro que se limpie el polvo que lo cubre con su gorrita (acaba de ser humillado por un compañero del grupo, Fico, [pp. 55-59]). Alejandro, sencillamente «hizo girar la gorrita sobre la punta de su índice y luego la dejó caer sobre sus piernas [de Maruja]» (p. 60). Maruja se obstina en que Alejandro se quite la suciedad de encima, mientras sigue explicándose, de modo que vuelve a entregar su gorrita roja a Alejandro, quien, nuevamente, sólo juega con ella, haciéndola girar entre sus dedos (p. 60). Después de un tercer intento, consigue que Alejandro acceda a limpiarse con la gorrita roja, quien: 
«con golpes monótonos, como si el espanto o el deseo pertenecieran al dominio de otra raza, fue sacudiendo su pantalón y su camisa, incorporando al color rojo de la gorrita el persistente polvo del camino» (pp. 60-61).

Por el contexto de esa escena es evidente que Alejandro expone a Maruja su nulo interés en quitarse de encima el polvo que certifica su propia pusilanimidad, lo cual funciona como estrategia para evitar el contacto sexual con ella, ya que Alejandro aún es virgen y la posibilidad de dejar de serlo le produce terror, habida cuenta de sus experiencias negativas en el terreno sexual y su propia cobardía. Pero también, la actitud de Alejandro, funciona simbólicamente de otra manera, bien diferente. Aceptando que el dedo índice es, voluntaria o involuntariamente, un símbolo fálico que el narrador incorpora a la escena, el hecho de que Alejandro introduzca su dedo dentro de la gorrita roja de Maruja, prenda que representa sus planes y su infierno, y juguetee con ella, representaría la poca estima que en los hombres de la novela despiertan los planes de Maruja y Maruja misma. Alejandro se resiste a seguir a Maruja, a comprender sus puntos de vista y a apoyarla. Juguetea con la gorrita roja de Maruja y sólo en última instancia, después de repetidos intentos, accede a limpiarse con ella, y tal acción incorpora a la gorrita el polvo que cubre a Alejandro, ensucia sus planes, los arruina.

Alejandro, pocas páginas después, desaparece de la vida de Maruja (pp. 93-96).

Maruja en el infierno
Como novela de formación que es No una, sino muchas muertes, la evolución de la personalidad de Maruja no es sino un descenso a los infiernos, desde las primeras y difusas intuiciones hasta la culminación de un plan para el que fue necesario una completa desconexión de Maruja de sus sentimientos, su capacidad para la compasión.

Al final de la novela, nada queda de la Maruja de la que el lector sabe, mediante una analepsis, que «permitía que sus amigos la abrazaran sólo por demostrarles su aprecio, su sincera camaradería» (pp. 11-12), que tenía «la costumbre de darse a cualquier amigo que le resultara simpático» primero, y después «elegía aquéllos en los que adivinaba el complemento de alguna forma de cariño hacia ella, y posteriormente hizo lo posible para que al cariño se sumara el mérito de valores especiales en su enamorado» (p. 21) o que «sus propios pensamientos no apuntaban hacia ninguna dirección precisa, a la inversa de la exactitud con que la conducían sus deseos» (p. 19) y que ha sometido la existencia de sus últimos dos años de vida al enriquecimiento de otro, la Vieja (p. 20).

Cuando Maruja, ya sola, independiente y autosuficiente, avanza a la búsqueda de su futuro con la única y «dura compañía de esas manos acrecentadas que la jornada le había ido labrando incesantemente» (p. 201), se ha confirmado como un personaje incapaz para la compasión (contempla indiferente el cadáver degollado de la Vieja; mata a cuchilladas a un perro, hundiendo su chaveta y sus mismas manos en el cuerpo del animal), movido únicamente por su capacidad de tomar decisiones y ser coherente con ellas hasta sus últimas consecuencias. Las reminicencias sartreanas no pueden ser más evidentes en un personaje, como Maruja, que se aferra a sus decisiones para no desaparecer, para quitar de su vida la angustia y la servidumbre que se enseñorean sobre ella al principio de la historia.


Estableciendo, entonces, que Maruja acomete un descenso a los infiernos, el fuego también adquiere carga simbólica. El basural, que es donde empieza la novela y donde Maruja tiene las intuiciones que la llevan a convertirse en una «delincuente» (Ofogo Nkama, 1994: 187), arde profundamente con un fuego que lo consume y lo fermenta, que emerge aquí y allá, humeando y haciendo muchas veces imposible el tránsito sobre los desperdicios. El basural, «efervescente de moscas», es «presa lenta de un fuego triste y reposado» (p. 10). Maruja, llevando una carga de cáscaras de naranja con las que la Vieja alimenta a sus esclavos locos, emergiendo «del humo que cubre gran parte del basural» (p. 9) comprende sobre el basural el sinsentido de su propia existencia al servicio de otros, cuando su compañera de trabajo, Berta, la azuza insistente y futilmente a una carrera sin incentivos, una competición doblemente absurda, por la inutilidad de la acción y porque su resultado es sabido de antemano por Maruja, que se sabe más rápida.

Además de la vestimenta de Maruja, el narrador también describe su cuerpo. Ofrece un dato anecdótico sobre sus ojos (que los tiene achinados) y, sobre sus pechos, ofrece datos funcionales a la construcción del personaje.

Por dos veces el lector recibe información sobre los pechos de Maruja. Primero, al arrimarse ésta al cuerpo de Alejandro (pp. 88-89):
«Se aproximó, hundiendo sus duros senos en el pecho de él, dispuesta a abarcar con palabras las copiosas y nutridas razones que en los últimos años habían proliferado en sus manos impacientes».



No parece necesario explicar las reminiscencias que deben producir en el lector la unión de los adjetivos «copiosas y nutridas» a los «duros senos» de Maruja.

La segunda descripción de los senos de Maruja se desarrolla en una escena en la que la protagonista se halla frente al grupo y el narrador confía a aquéllos, como personaje colectivo, la adjetivación y la alegoría. El grupo ha perseguido a Maruja por el basural, en medio de la humareda que casi no permite distinguir nada, creyendo que en realidad ella era un integrante del grupo (Fico o Alejandro) al que querían prender para castigarlo, porque sospechan que han negociado con impericia con la Vieja por el pago del loco, o bien que están intentando quedarse con el dinero.

Los senos de Maruja se presentan como duros y apuntando hacia adelante, estirando la camiseta que lleva hasta el punto de que parece que la tela está por rasgarse (p. 108):
«El primero de los muchachos llegó jadeando y se detuvo sobre el mismo borde del barranquito, estupefacto al descubrir su rostro y su cuerpo de mujer, y entonces volteó hacia los que venían atrás, como si juntos, deliberando, pudieran encontrar una versión coherente y lógica que explicara cómo Fico y Alejandro, fugitivos y ladrones y traidores, se habían convertido en una muchacha de gorrita roja y sonrientes ojos achinados, y más que ninguna otra cosa, de potentes pechos que brotaban hacia adelante, exigiendo y tensando la blusita que caía sobre su falda».

Los senos duros de Maruja pertenecen, también, a una de las varias oposiciones simbólicas presentes en el texto: lo «blando», identificado con el fracaso y la cobardía, y lo «duro», fundamentalmente la valentía (Luchting, 1974). Luchting señala largamente la oposición «subir»/«bajar» (también «arriba»/«abajo»), siendo «subir» todo lo relacionado con la coherencia y, también, la valentía.

La mujer o la revolución
Los cobardes mueren muchas veces antes de su verdadera muerte;
los valientes prueban la muerte sólo una vez.
William Shakespeare

Luchting, en sus extensos trabajos sobre esta novela (1974; 1977), centra su atención en la alegoría que el texto encierra. El crítico alemán sostiene que el mismo funciona como una alegoría de la lucha revolucionaria por la liberación del proletariado. A propósito de esta dimensión interpretativa, tengo que señalar que, en tanto declarada alegoría de la revolución socialista (Luchting, 1977: 69), sus intencionalidades podrían emparentarse con algunos de los principios esgrimidos por el realismo socialista.5 Este hecho es curioso, ya que el escritor era de conocida filiación trotskista (Gnutzmann, 2007: 124).

Congrains no niega esta interpretación, sino todo lo contrario: explica qué simboliza cada uno de los personajes más significativos en su representación alegórica del sistema de producción capitalista y de la lucha de clases (Luchting, 1977: 69):
«WAL: ¿Qué dice de mi interpretación de su novela como una alegoría o parábola del fenómeno de una revolución, sublevación, incluso rebelión “armada”?ECM: Alegoría revolucionaria. Naturalmente sí. Pero, en primer lugar, insisto, mi novela es una alegoría sobre la rebelión de la mujer. Ahora bien, como es inconcebible una rebelión femenina que no transtorne a la sociedad toda, evidentemente estaba planteando la necesidad de enfrentarse al Perú oficial, el Perú de siempre.En mi opinión, Maruja propone el siguiente programa: conquistar los medios de producción. (Naturalmente, como bien lo señala usted, fracasa).En mi novela, Maruja y el grupo de muchachos representan al trabajo; la vieja representa la clase empresarial; el zambo es la burocracia administradora; y los locos son los bienes de capital, los medios de producción, la maquinaria. (Obsérvese a propósito de esto, cómo los locos no juegan ningún papel, cómo son simple decorado, un punto de referencia, un valor económico)».

Para Congrains, entonces, la liberación de la mujer pasa por la liberación sin más apostillas. Vargas Llosa y Luchting no parecen poder evitar la hipérbole al tratar esta cuestión, la del feminismo:

«El libro tiene otros aspectos originales; uno de ellos, que no parece haber sido premeditado, es la naturaleza vaginal de la sociedad ficticia. Pienso que cierto tipo de militantes feministas leerán con simpatía este libro y quizás añadan al variado curriculum vitae de Enrique Congrains el de patricinador avant la lettre de    Women's Lib. Su novela, en efecto, no sólo es un testimonio sobre algo existente, una realidad que todavía lacera el Perú y buena parte del planeta (los enclaves marginales, la sociedad lumpen). También es un mundo soberano, en el que el mundo real se halla, debido a una manipulación infiel de los materiales que le han sido usurpados, a una combinación falaz de los datos reales, negado […]. El auténtico “héroe de la historia es la mujer […]. [Maruja es] Una auténtica liberada, en el sentido que darían a este concepto una Valerie Solanis [sic por Solanas] (la fundadora de SCUM, Society for Cutting Up Men/Sociedad para Castrar a los Hombres) […]» (Vargas Llosa, 1975: 11-12).

«[…] No una… […] es una novela […] que debería de hacer [sic] locas de felicidad cualquier [?] movimiento de liberación femenina. Pues la heroína, una especie de Modesty Bond [?] del subproletariado, es decididamente fuera de lo común» (Luchting, 1974: 31).



Según Congrains (Luchting, 1974: 33/35):
«[…] quise que mi novela se consagrara al tema de la mujer […]. Maruja es la más inexistente de todas las mujeres que podía ofrecer la realidad peruana que yo descubría entonces […]. Lo que yo hacía en el fondo, era tratar de denunciar la situación de la mujer peruana… y al mismo tiempo burlarme de los patrones femeninos convencionales… y al mismo tiempo quería decir, más o menos, “éstas son las verdaderas posibilidades de realización de una mujer” o “una mujer debe atreverse a todo, absolutamente a todo” […]. Lo que hace Maruja es rebelarse contra las limitaciones a que la condenaba su sexo, y alcanzar su verdadera dimensión humana».

En definitiva, Maruja es una suerte de flor de fango/pantano revisitada, subvertida. No pide a ningún cantor que cante a su belleza en medio de la basura o el lodo ni, mucho menos, que se apiade de ella.

Maruja se mantiene incólume en medio del basural. Podía perderse, pero descubrió a tiempo que la única salvación era la coherencia entre sus pensamientos y la acción: «una suerte de peregrinación hacia el santuario de un dios desconocido que por fin se revela como una búsqueda de sí misma» (Shaw, 1981: 190).

Si es cierto, como apuntábamos antes, que el tubo fluorescente representa un símbolo fálico, también puede representar a la propia Maruja (Shaw, 1981: 190). El narrador informa que Maruja toma inspiración del tubo, que le da «una pauta a sus ideas para que, a su vez, supervivieran» (p. 19). La «absurda sobrevivencia» (p. 19) del tubo en medio de un basural donde todo está perdido, roto y, casi siempre, inservible, puede representar a la protagonista, que sabe conservar siempre su muy particular pureza, incluso pagando el precio de que sus planes se vayan al garete (el barbón rompe el tubo fluorescente cuando comienza la debacle [p. 186]).

Conclusión
Maruja en el infierno es una novela con múltiples lecturas. El texto todo encierra una alegoría que es, al menos, doble. Las distintas acciones y actitudes de sus personajes presentan también, como mínimo, una doble lectura. El espacio prácticamente se reduce al basural y a la fábrica abandonada, espacios alienantes y donde la pérdida se enseñorea. El espacio prometido, la lejana Lima hacia la cual Maruja enfila sus pasos al final de la novela, es apenas una sospecha y una certidumbre:
«Entonces ella, Maruja, subió a la tapia que avanzaba bordeando el camino, y que moría al pie de los brazos de la ciudad, y a pleno aire avanzó con la dura compañía de esas manos acrecentadas que la jornada le había ido labrando incesantemente (p. 201)».




Maruja se encuentra absolutamente derrotada, sola, desamparada, vulnerable. También absolutamente sabia, lúcida y fuerte. Es la dueña de lo más inasible, de lo más incierto: es dueña de su futuro.



Notas
1Esta afirmación es inexacta. Los pechos y ojos de Maruja son descritos en la novela.
2Todas las citas están tomadas de Buenos Aires: Congrains Martín, Enrique. No una sino muchas muertes. Embajada Cultural Peruana, 1957.
3No es ocioso que el reputado periodista peruano César Hildebrandt describiera con estas palabras la descripción que de Enrique Congrains realizara Vargas Llosa en su autobiografía de 1993, El pez en el agua, que repite casi milimétricamente lo ya escrito por él en su prólogo a la edición española de No una, sino muchas muertes: «La cruel descripción que de él hizo Vargas Llosa en su autobiografía precoz la devolvió Congrains diciéndole a todo el mundo, la última vez que estuvo en Lima, que para él quien mejor escribía en el Perú era Gregorio Martínez.
Vargas Llosa lo pintó, con cuatro crayolazos maestros, como un fenicio chiflado que lo mismo podía vender pulidores de ollas que novelas y que escribió desde los cuentos de “Lima, hora cero” hasta la novela breve “No una sino muchas muertes” con el único propósito de ir de puerta en puerta ofreciendo su mercadería textual al contado o en cómodas cuotas mensuales» (Hildebrandt, César. «Dante en los suburbios», La Primera, nº 1560, 9 de julio del 2009 [consulta: 1 de marzo de 2013] <http://www.diariolaprimeraperu.com/online/columnistas-y-colaboradores/dante-en-los-suburbios_41839.html>.
4A la propuesta de Luchting yo añado otra, como se puede verse. Otro tanto valga para las propuestas que siguen a ésta en la cita de Luchting.

5Debo esta observación al profesor de la Universitat de València Francisco Javier Satorre Grau.


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