Estoy leyendo lentamente cuentos de los dos, y son dos caras de la misma moneda, de alguna manera. Onetti va a piñón fijo, convencido locamente de lo que hace, y Rozenmacher es más dubitativo, más observador del mundo que lo rodea y atento de sus lectores, menos sabio, seguramente, como escritor, pero no por eso sin su intuición. Todavía voy por los primeros cuentos de ambos. El Onetti de sus primeros cuentos me agota rápidamente; de Rozenmacher me molestan cosas como dónde pone los adjetivos, pero la lectura es más ágil.
martes, 18 de marzo de 2025
viernes, 7 de febrero de 2025
Martín Caamaño: PÁLIDO REFLEJO
Me fascina esa capacidad inorgánica que tienen los posmos de buena cuna para enojarse de forma inorgánica, conscientemente injustificada, y descargar los frutos de su enfado sobre los hombros de quien tienen delante, sobre todo si están en una posición subalterna.
Uno de los personajes, cuando se entera de que ha muerto su padre, se enfada con la barba del doctor que se lo comunica. Después, tiene que controlar el fastidio ante los pésames que recibe. En otra historia, de otro autor, los empleados de una funeraria deben soportar los insultos de quien ha quedado huérfano por, básicamente, dirigirle la palabra. Y podría seguir con los ejemplos, si ahora mismo me acordara de más.
Los posmos gastamos pólvora en chimangos, diseminados y en franca expansión. Los escritores posmos lo saben, porque si hay algo que un posmo tiene es autoconsciencia, aparte de simulacros, texto, silencio, cartografías, piel, escritura y simulacros otra vez, por las dudas.
jueves, 21 de septiembre de 2023
Ricardo Piglia: CUENTOS COMPLETOS
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| Creo que me lo encontré en El Corte Inglés a un precio razonable. |
Desde hace un tiempo estoy metido hasta las patas en dos despedidas. Por un lado, escuchando sin parar versiones de "La partida", de Víctor Jara, y destrozándola con el charango y la quena. Por otro, Los Cuentos completos de Piglia, que terminó de preparar con el último aliento, básicamente.
Los veo a los que tocan "La partida", y me maravilla que la toquen tan bién y que no lloren mientras tanto. Y una sensación parecida, de un llanto entremezclado en los pulmones, es lo que a veces me pasa mientras leo los Cuentos completos, porque el tipo estaba diciendo adiós mientras preparaba el libro.
¿Qué me pasa con Piglia? Respiración artificial me resultó insoportable. Estoy casi seguro de que no leí entero Formas breves, pero sí las Tesis sobre el cuento, que me resultaron absolutamente inspiradoras. Plata quemada no la leí, todavía, pero le tengo muchas ganas. ¿Y los Cuentos completos? No me gusta para nada el primer estilo de Piglia, la forma que construye las frases, las comas, el ritmo, las repeticiones de palabras, las rimas no evitadas, esas cosas. Sí me empieza a gustar más adelante, y cosas como las que hace el comisario Croce llegan un punto que me ganan por puntos, porque el personaje, a su manera, es entrañable.
viernes, 19 de mayo de 2023
Carlos Busqued: Magnetizado
Leí este libro en dos días, comencé apenas me llegó, comprado en Todocolección o Iberlibro. Me encanta la forma de escribir que tenía Busqued, qué cagada lo de su accidente, las cosas que se le quedaron en el tintero, seguramente. Y qué desesperación por leer en español argento, siendo como soy lector estudiante de lenguas, todos los días leyendo en inglés o italiano.
Magnetizado se construye, fundamentalmente, a partir de conversaciones que Busqued tiene con un asesino serial argento, un tipo que mató a sangre fría cuatro taxistas el año de la guerra de Malvinas. Lo agarraron y se pasó la vida en cárceles e instituciones psiquiátricas. También se construye a la búsqueda de la comprensión del tipo, por qué cometió esos crímenes y qué clase de persona es, búsquedas que parecen tan urgentes como infructuosas.
miércoles, 25 de agosto de 2021
Carlos Busqued: BAJO ESTE SOL TREMENDO
Bajo este sol tremendo es la única novela que publicó el escritor argentino Carlos Busqued, fallecido hace unos meses con poquito más de 50 años.
La novela la andaba buscando desde hacía un tiempo, pero después de la desaparición de su autor sólo podía encontrar a delirantes que pretendían vender el ejemplar en tiendas en línea a 100 o 200 euros. Pero hace unos días me lo encontré en iberlibro.com a 17 euros y me lo compré.
Yo creo que había visto hace unos meses El otro hermano sin saber que era una adaptación de la novela. La película me pareció buena de ver, obviamente con una actuación espectacular de todos sus actores, principales y secundarios. La única macana, el final, una carambola afortunada del protagonista más previsible que trompada de viejo borracho. Y sí, los tipos tuvieron que "arreglar" el sinsentido absurdo de las acciones de los protagonistas, pero es como arreglarle los conflictos al señor Meursault con los truquillos de construcción de guión de tutoriales de YouTube, no sé si me explico.
El libro, me lo leí en un día. De una sentada, prácticamente, de una panzada. El estilo, a veces, un poco áspero. Cosa de clavos, tornillos y bisagras que a veces no encajaban. Pero te engancha y lo leés en un día, entonces es que funciona.
Parece que a Busqued la adaptación cinematográfica no le gustó nada. Puedo entender algunos motivos. Hay determinadas cosas inexplicadas en la novela, que en la película se intenta explicar. Hay similitudes entre los personajes que el autor dejó en la nube del misterio, que en la película se obvian. Y un final bastante insoportable levedad del ser que la peli desecha de plano. De todos modos, verlo a Sbaraglia haciendo de malo es una fiesta, o sea, hay que verla.
La novela es un recorte de brutalidades y cotidianeidades que te va golpeando con correlativos objetivos impiadosos y así te va arrastrando hasta el final. Un final que a mi gusto se me desinfla un poco, pero bueno, nunca llueve al gusto de todos.
EN ITALIANO
Sotto questo sole tremendo è l’unico romanzo che ha pubblicato lo scrittore argentino Carlos Busqued, deceduto fa pochi messi quando aveva un po’ più di 50 anni
Stavo a cercare questo libro da qualche tempo, però dopo la sparizione del autore solamente la si poteva trovare venduta da furbetti a 100 o 200 euro su diversi siti web. Finalmente l’ho trovato su iberlibro.com a 17 euro e l’ho comprato.
Io penso che abbia visto fa qualche messe El otro hermano, senza sapere che era un adattamento del romanzo. Il film mi è piaciuto, evidentemente con delle attuazioni spettacolare di tutti gli attori, principali e secondari. L’unico storto, al finale, un colpo fortunato di carambola più prevedibile di colpo di vecchio ubriaco. E sì, i tipi hanno dovuto “sistemare” le attuazioni senza senso, assurde dei protagonisti, però è proprio come sistemare i conflitti del Signore Meursault con dei trucchetti di costruzione del copione dei tutorial di YouTube, non so se mi spiego.
Il libro, l’ho letto in un giorno. Praticamente, in una sola seduta. Lo stile, a volte, un po’ aspro. Roba di chiodi, viti e cerniere, come direbbe García Márquez, che a volte non si adattavano. Però il libro ti prende o lo leggi in un giorno, quindi funziona benissimo.
Sembra che a Busqued non piaceva l’adattamento cinematografico. Posso comprendere i motivi.
Ci sono delle situazioni inspiegabili sul romanzo che sul film si tenta di spiegare. Ci sono delle similitudini tra i personaggi che lo scrittore aveva lasciato dentro un alone di mistero, che sul film si ovviano. E un finale molto insostenibile leggerezza dell'essere che nel film si scarta in modo spedito. Comunque, vedere Sbaraglia nel ruolo del cattivo è proprio una festa, cioè, viene vista.
Il romanzo mostra tantissime brutalità e quotidianità che ti colpiscono con dei correlativi oggettivi impietosi e ti trascinano fino alla fine. Un finale che, secondo me, non è troppo avvincente, ma va bene lo stesso, insomma, è impossibile accontentare tutti.
martes, 9 de junio de 2020
Alejandra Pizarnik: POESÍA COMPLETA
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| Creo que me lo compré en el Abacus de Alaquàs. |
Leerse de sopetón las casi 500 páginas de poemas de Pizarnik es un viaje hacia la muerte de la poeta que a veces se hace asfixiante. Juega con fuego todo el tiempo, uno lo ve claro eso, y hay que respirar el humo mientras se lee. Hasta que finalmente se llega al "no quiero ir/nada más/que hasta el fondo" escrito en tiza en 1972, y ahí sabemos que se acabó todo, porque ya nadie lee a Pizarnik sin saber de qué va la película.
viernes, 30 de agosto de 2019
Autobombo: Ezeiza (EZE) - València (VLC) escala Barajas (MAD)
sábado, 1 de junio de 2019
Autobombo: MI AMOR
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La novela parece tratar, con un tono elegíaco, de la fugaz aventura amorosa que su narradora ha tenido con una compañera de estudios cuando ambas eran adolescentes. Con el paso de las páginas la historia explota, se ramifica y se vuelve circular en algunos tramos, ya que es puesta en duda por distintos personajes quienes, en un momento, incluso llegan a apropiarse del lugar del narrador. El juego metaficcional se vuelve sistemático, aunque caótico; la novela acaba siendo un texto fundamentalmente antirreferencial. El recorte espaciotemporal es el del Buenos Aires de los ‘90.
Ojalas dos cosas. Que haya quien la lea, que haya quien la recomiende.
domingo, 24 de marzo de 2019
Autobombo: PERSONALS
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La imagen de la portada la encontré bastante después de escribir mi librito. Un ángel tocando una pandereta. Apropiado.
Mi librito se puede comprar tanto en papel como en digital. Si lo compran ustedes, muchísimas gracias hasta las lágrimas, qué duda cabe. Y si me ayudan a difundir mi librito, también.
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| Éstos son dos de los poemas que integran mi librito. Si hacen click en la imagen lo van a poder leer sin problemas. |
sábado, 20 de enero de 2018
Ariel Dorfman y Armand Mattelart: PARA LEER AL PATO DONALD. COMUNICACIÓN DE MASA Y COLONIALISMO
El otro día volví a ver El rey león, y lo que vi fue, de lo mismo, un 75%.
El "manual de descolonización" intitulado Para leer al pato Donald es un recontraclásico entre las lecturas que una persona más o menos de izquierda tiene que leer si es latinoamericana. Habla más o menos de las mismas cosas que El currículum oculto, esto es, de cómo la ideología dominante casi no necesita ser explicitada para ensuciar todo lo que toca.
Dorfman y Mattelart analizan viñetas como éstas:
| Aquí, mostrando cómo el reino de la fantasía no teme chapotear en el barro de la realidad (para mayor gloria del Tío Sam, por supuesto). |
Poco hay que añadir al respecto, pero los autores lo hacen, y con altura.
También analizan la forma en que los nativos (poco importa si son de Papúa, aztecas o árabes de algún desierto indeterminado) se relacionan con los occidentales. Los nativos siempre son buenos en el fondo, les sobran sus recursos naturales y dependientes de que los occidentales los salven a cambio de esos recursos naturales que, en el fondo, no les sirven para nada porque son puros y no dependen del vil metal. Son felices así, respirando.
Las ediciones o reimpresiones argentinas (la mía es de 2005, y las hay al menos hasta 2012, que es la que venden Casa del Libro o la fnac; aunque ediciones anteriores se encuentran más baratas si se busca por ahí) cuentan con un prólogo de Héctor Schmucler que da buena cuenta del escándalo que las fuerzas vivas de distintos países impulsaron contra este libro.
Hay una entrevista en la que Dorfman manifiesta que Para leer al pato Donald "fue escrito en un momento de lucha social en Chile y dentro de una revolución que intentó cambiar todo. Se escribió en diez días, en el calor de la lucha por la supervivencia". Y sí, era el gobierno de Allende, cuando parecía que todo podía cambiar y después llegó Pinochet de la mano de sus aliados yanquis. Así funciona.
Para leer al pato Donald no es, pues, un libro perfecto, ni muchísimo menos. Pero aporta una mirada imprescindible. Con mucho menos talento y seriedad que Dorfman y Mattelart, cualquier hijo de puta neoliberal se transforma en un gurú amado por los medios, así que no jodamos.
domingo, 25 de junio de 2017
Historia y sociedad en dos novelas de Héctor lastra
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| Después vino De tierra y escapularios. |
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| Aquí están casi todos los cuentos de Lastra en sus versiones prácticamente definitivas. |
Ana María Shua ganó el primer premio de novela por su obra La muerte como efecto secundario, y Héctor Lastra obtuvo el segundo por Fredi. Hubo diferencias. Mientras Shua recibió el aplauso de su propia «hinchada», Lastra debió conformarse con tibias palmadas.
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| Algunos cuentos aparecieron en antologías. |
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| Apenas sí hay diferencias con las versiones de Cuentos. |
[…] La autocensura no existe. Lo que existe es la censura. Hablar de autocensura es una manera de ser reaccionario, porque se está atacando al individuo que puede llegar a tener flaquezas. ¿Por qué no tenerlas? Lo que hay que atacar de lleno es el mecanismo que engendra la autocensura y que por sobre todas las cosas engendra eso que llamamos intimidación y miedo […] (42-43).
La censura en nuestro país no recae sobre los problemas del sexo sino sobre obras que cuestionen con mayor o menor hondura los sistemas de vida y poder, las fuerzas armadas, el clero y —especialmente en estos momentos— cuando se trate de una obra como lo era la mía [La boca de la ballena, prohibida en enero de 1974], profundamente antirreaccionaria y antigubernamental.
[La censura] que azota nuestro país debe de ser una de las más duras y nocivas. Fundamentalmente porque es aplicada sin el más mínimo disimulo, con alarde y soberbia, y con la intención de que se la perciba y sienta a primera vista. Es la típica censura que actúa a manera de castigo, y, claro está, a manera de intimidación […].
Por fuera del discurso oficial de censura hay otro discurso que lo acompaña subrayando y ampliando significados o completando a veces lo que la lengua oficial omite. […] en los considerandos de algunos decretos se fundamenta la prohibición en una coincidencia evaluativa con «críticas periodísticas» que han denunciado la inmoralidad del producto cultural cuestionado (5/8/6720). De hecho, el lenguaje de algunas críticas coincide sugestivamente con el sentido de prohibiciones efectuadas inmediatamente después de publicadas aquellas […] (1986a: 32-34).
[La] lectura crítica y desmitificadora que se traduce en una reescritura del pasado encarada de diverso modo: se problematiza la posibilidad de conocerlo y reconstruirlo, o se retoma el pasado histórico, documentado, sancionado y conocido, desde una perspectiva diferente, poniendo en descubierto mistificaciones y mentiras o, en un movimiento casi opuesto, se escribe para recuperar los silencios, el lado oculto de la historia, el secreto que ella calla (Pons: 2000: 97).
Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto de la extrema derecha como de la extrema izquierda […]. A los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido […].
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| Esta edición fue publicada, ya, en democracia. |
Fredi, al final de la novela, se ve inmerso en una «peligrosa madriguera en la cual se ha metido en busca de dinero fácil» (Cruz, 1997: 11427), es decir, de la mano de un personaje siniestro, Masanti, se incorpora como cuadro menor en la organización de ultraderecha, participando en pintadas falsamente firmadas por Montoneros con el objetivo de desprestigiarlos, y en actos de violencia en las que rapan a los hombres y destrozan la ropa a las mujeres. Fredi, que ya ha tomado recaudos para asegurarse de que ninguno de los matones con los que está tratando sepa por qué zona vive, acaba de decidirse a abandonar la organización parapolicial después de una larguísima conversación en la que Lumbrano lo lleva a visitar con su coche de alta cilindrada un centro clandestino de detención y un prostíbulo, y le relata gozoso el episodio de la violación, a manos de Manguera Román y delante de su marido y compañeros de militancia, de una erpia (militante del Ejército Revolucionario del Pueblo) embarazada de casi ocho meses. Después de asegurarle que ascendiendo en la organización iba a ganar grandes cantidades de dinero, le pregunta retóricamente: «Che… ¿Te imaginás…, sabés lo que va a ser cuando a vos te toque una así?» (434). Explicitando los planes de su grupo, se exalta:
—Se les acabó la patria socialista, se les terminó el desconche. Que se preparen.
[…]
—Mucho auto a Cuba, mucho ateo, mucho puto. Se hicieron el picnic. Basta.
[…]
—Hasta algunas sotanas van a caer.
[…]
—Se les acabó. Se les encajonó la calle. Y para el pendejerío, los forritos útiles, no va a alcanzar el kerosene.
[…]
—Y agregá a los amigos, macho, y a los amigos de los amigos también (411).
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| Vale la pena leerla. Entre otras cosas, porque vas a discutir (mucho) con el autor. Y poco importará tu cercanía o lejanía ideológica con él. |
No sólo debe localizar en el pasado las causas de lo que sucedió después, sino también delinear el proceso por el que esas causas se encaminaron lentamente hacia la producción de sus efectos.
Steimberg de Kaplan (1991: 617) lo identifica en el grupo de escritores de los ‘70 que «toma como punto de partida el contexto histórico social para organizar el discurso de ficción». Amarouch (2001: 253), haciéndose eco de trabajos críticos anteriores, lo incorpora al grupo de escritores que «parte del contexto histórico-social para organizar su discurso de ficción», calificándolo de neorrealista. Naula Espinosa (2011: 38) lo sitúa entre los escritores que realizan «crítica social» utilizando «recursos realistas».
En sus cuentos y sus dos novelas —sobre todo en los primeros— el escritor fuerza los límites convencionales del realismo, que por otra parte son en sí mismos difusos28, pero casi nunca cruza la frontera a partir de la cual dejan de tenerse «recuerdos comunes y […] percepciones comunes» entre el lector y el autor, es decir, la compartición «[del] mundo tal como cada uno de los interlocutores sabe que se le manifiesta al otro» (Sartre, 2003: 108).
Toda cosa que se nombra ya no es completamente la misma […]. Si se nombra la conducta de un individuo, esta conducta queda de manifiesto ante él; este individuo se sabe visto al mismo tiempo que se ve […]. O bien insistirá en su conducta por obstinación y con conocimiento de causa o bien la abandonará […]. No es posible revelar sin proponerse el cambio.
—Vas a ver —dijo Pedro al volver al rancho—, igual que el año pasado. Dentro de un rato todos esos negros se nos van a meter bajo las casas.
Por primera vez vi bien el color de su piel, la estrechez de sus sienes, el pronunciado contorno de sus labios casi morados.
—Vas a ver, todos juntos como chivos; hasta tienen el mismo olor (124-125).
[Tiene una] risa descarnada y amarillenta […], [está] lleno de tics, de muecas, de absurdos y sucios gestos […]. Con rara y singular vergüenza me vienen a la memoria algunas de sus frases: «Yo las cago a piñas, me rajo un pedo y después las meo… Y la chaucha se las hago ver de lejos, ¡cualquier día van a tener ese gusto! La reservo para mi tía, la pobre se juntó con uno que no sirve» (127).
[…] Las palabras no son, desde luego, objetos, sino designaciones de objetos. No se trata, por supuesto, de saber si agradan o desagradan en sí mismas, sino si indican correctamente cierta cosa del mundo o cierta noción.
[…] En la novela histórica no es necesario que entren en escena personajes reconocibles desde el punto de vista de la enciclopedia […]. Lo que hacen los personajes sirven para comprender mejor la historia, lo que sucedió. Aunque los acontecimientos y los personajes sean inventados, nos dicen cosas sobre la Italia31 de la época que nunca se nos habían dicho con tanta claridad.
Como integrantes más niños de la generación de militancia, vivimos intensamente tanto el triunfalismo y la certeza de que la revolución estaba a la vuelta de la esquina32 como el miedo posterior; vimos desaparecer amigos o parientes, y si algunos de nuestra edad dijeron que «no sabían nada» de lo que estaba pasando (como tantos mayores que ellos), no fue porque estuvieran en la etapa de los juguetes y se los protegiera de ese atroz conocimiento, sino porque —igual que casi todo el resto adulto de la sociedad— cerraron los ojos (61).
[…]
El lugar común de que la sociedad ignoraba entonces lo que estaba pasando es insostenible. No podía ignorarlo. No querer averiguar la descripción o la dimensión precisa de cómo33 estaba ocurriendo no significaba no saber qué ocurría. Esto está demostrado en numerosos testimonios, documentos de época, análisis políticos, y sobre todo por esa dolorosa verdad de las ciencias sociales: ningún genocidio ocurre sin que la compacta mayoría esté de acuerdo con él (222).
Si la sociedad se ve y, sobre todo, se ve vista, hay, por el hecho mismo, impugnación de los valores establecidos y del régimen: el escritor le presenta su imagen y la intimida para que acepte esta imagen o para que cambie. Y, de todas maneras, la sociedad cambia; pierde el equilibrio que le procuraba la ignorancia, vacila entre la vergüenza y el cinismo y practica la mala fe36; de este modo, el escritor proporciona a la sociedad una conciencia inquieta y, por ello, está en perpetuo antagonismo con las fuerzas conservadoras que mantienen el equilibrio que él procura romper.
Cuento y novela (incluso en el género fantástico) significan para mí una manifestación de protesta. De nada vale hacerla cuando los opresores y sus séquitos están casi caídos. Claro, tal vez cuento y novela no sean lo anteriormente dicho. No importa. Me contento —y en forma— con darle aunque sea un montoncito de intenciones al lector.
1El escritor declara que ya a la edad de 19 años, con estudios comenzados en Letras y Cine, llevaba escritos tres volúmenes de cuentos y cinco novelas, material que le habría servido para la composición de su obra posterior, finalmente publicada (Zanetti, 1982: 350). También habría dejado inconclusa una última novela, proyectada en 100 páginas (¿una nouvelle?) que habría sido editada parcialmente por una revista universitaria en Buenos Aires. Su protagonista sería un detenido-desaparecido, presumiblemente durante la dictadura (Álvarez Castillo, 2008). Otra novela inédita, quizás la misma, es Humo infame, de la cual se publica al menos un fragmento (Fundación Dr. Roberto Noble, 1997: 148).
5Por mi circunstancia personal no me ha sido posible consultar directamente las fuentes que menciono en este punto.
6Según consta en la página 6, las ediciones anteriores fueron: 1.º, agosto de 1965; 2.º, octubre de 1965; 3.º, septiembre de 1966 (de ninguna se registra la tirada).
8Utilizo las ediciones de 1973 de Corregidor y de 1984 de Legasa. Ambas ediciones son idénticas textualmente, ya que la de Legasa se trata de una copia de algún ejemplar editado la década anterior por Corregidor, en la que se han reproducido idénticos los encabezados con la numeración de las páginas e, incluso, las erratas, que no han sido corregidas (he detectado en las páginas 128, 132, 158, 176, 223 y ¿242? de ambas ediciones).
10Este incidente suele ser reproducido en los textos que tratan acerca de Héctor Lastra o de la actualidad cultural de esa época.
11La dictadura cívico-militar-eclesiástica autodenominada «Proceso de Reorganización Nacional», que gobernó sangrientamente la Argentina entre 1976 y 1983. Para las reminiscencias kafkianas de esta suerte de apócope del título pretencioso que se daban a sí mismos los dictadores véase Girona (1995: 28).
13Utilizo indistintamente «cuento», «relato», «obra breve», etc., para evitar una constante repetición de palabras en algunas secciones. Soy consciente de que, según quién sea el teórico, puede entenderse que estos conceptos son equivalentes o no.
15Con respecto a las antologías, he detectado los cuentos «Crónica» en Mastrángelo, Carlos (ed.) 25 cuentos argentinos magistrales. Buenos Aires, Plus Ultra, 1975; «Breico» en Pretel, Nelly (selección). Últimos relatos. Buenos Aires, Nemont Ediciones, ¿1976?; «En la recova» en Lorenzo Alcalá, May (selección y prólogo). Cuentos de la crisis. Buenos Aires, Celtia, 1986. En éstas el escritor realiza algunas revisiones, por lo que es en estas antologías donde se encuentra la versión definitiva de los cuentos que publica en ellas.
En la pequeña introducción al autor que figura en Últimos relatos, título del que poseo un ejemplar sin fechar, pero que presumiblemente fue editado en 1976 (en la introducción a un cuento de otro autor se afirma que «Actualmente, diciembre de 1976, […]» [163); mientras que, cuando se menciona 1977, la frase es en futuro: «En 1977 aparecerá otro libro de poemas […]» [141]) se dice del escritor que: «[…] su nombre figura en varias antologías junto al de los más reconocidos y prestigiosos escritores del país» (66). De estas antologías previas a 1976 no he podido hallar rastro alguno a pesar de haber consultado diversas bases de datos académicas y comerciales.
- «De marzo a noviembre de 1961» (presidencia de Arturo Frondizi). En este período Frondizi recibe al Che en la finca de Olivos, la residencia oficial del presidente. Esta entrevista ocasiona un planteamiento de los militares, los cuales se alzan con el poder poco tiempo después.
- «De julio de 1966 a julio de 1967» (dictadura de Onganía).
- «De mayo de 1973 a enero de 1974» (tres presidencias: acabada la dictadura de Lanusse, Cámpora; después Lastiri y finalmente Perón, en su último y represivo mandato, y poco más de un año antes de que asuma Isabelita).
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