| O Barão |
En 1942, el escritor portugués Branquinho da Fonseca hizo contar su propia historia a un inspector de escuelas que, por los azares de su vida profesional trashumante, acaba aceptando la hospitalidad de un barón local; un patán desquiciado y aburrido, déspota del pueblo, por el que el narrador siente desprecio y fascinación y al que acaba estimando.
Piglia dijo que un cuento siempre cuenta dos historias. Entonces, que el narrador sea inspector de escuelas es imprescindible a esa segunda historia que se desvela al final. El trabajo del protagonista es asegurarse de que los valores de la sociedad se transmitan adecuadamente y al final sabemos que, aunque no sea consciente de ello, es básicamente igual moralmente al barón, no es mejor que él, y que asume plenamente su posición subalterna a pesar de sus dudas iniciales. O sea, un idiota útil, muy pagado de sí mismo, impermeable a cualquier epifanía joyceana. Por tanto, idóneo para sostener el status quo.
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