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miércoles, 18 de marzo de 2020

Jeff Kinney: Diary of a Wimpy Kid. Rodrick rules

El librito en inglés lo compré en Iberlibro.
El otro, ni idea.
Hace un tiempito acabamos de leer el primer libro de la serie con mi hija. Ella leía en voz alta en español, yo después en inglés.

Los personajes nos pueden caer bien o mal, eso está claro. Acabé un poco hasta los mismísimos de Greg, la verdad es que no es un personaje que me caiga especialmente bien. ¿Diario de un pringado total? Quizás. Y de un capullo atómico, desde luego. En fin. Digamos que tiene debilidades y debe salir adelante contra viento y marea. Mi hija está encantada con la serie, y no tengo razones objetivas para desanimarla. Lo que sí, como en tantos órdenes de la vida, Diario de Greg me demuestra por enésima vez que una cosa son los inescrutables caminos de la corrección política, y otra bien diferente las iniciativas culturales que funcionan masivamente, llámese Bad Bunny o Jeff Kinney. O sea, los valores que enseña esta serie medio como que no, pero bueno, así son las cosas.

Estos dos los hemos empezado a leer hace unos días. La novela es igual de ágil y simpática que la precedente, y tan a reventar de phrasal verbs como ella. La traducción, por supuesto, tan mojigata como el primer libro de la serie.


domingo, 10 de febrero de 2019

Jeff Kinney: DIARIO DE GREG. UN PRINGAO TOTAL

Es de mi hijo.
Fue un regalo de cumpleaños.
No sé si se lo regalamos nosotros o fue regalo de alguien, creo que lo segundo, pero este libro es de mi hijo desde hace varios años. Ahora, los está leyendo y devorando mi hija, enganchadísima. Suelo leer, al menos, el primer libro de la serie de cosas que le guste leer a mis hijos, y este es el último con el que me he metido.

El Diario de Greg es un El pequeño Nicolás revisitado por un gringo mucho después. El segundo es el que me tocó leer a mí cuando era niño.

El humor de este libro está bien, la escritura es ágil y los dibujos son muy simpáticos. Si mis hijos han estado encantados de leerlos, por mí perfecto.

Hace unos días compré los cinco primeros volúmenes
en inglés a una librería en línea de Inglaterra,
Reino Unido, Gran Bretaña o de por ahí.
Muuuuuuy baratos, la verdad.


De piedra me dejó leer los "morons" y los "sissys"
en un librito de literatura infantojuvenil.
Se ve que me hacen falta toneladas de input de ese,
para no quedarme boquiabierto y babeando a la primera.
Por no mencionar nada de los phrasal verbs, God damn them.



Fácil imaginar el mensajito furtivo sin que la seño se de cuenta.
La taquigrafía primaria y la ortotipografía laxa,
encantadoras, por supuesto.

domingo, 28 de enero de 2018

Laura Ingalls Wilder: LITTLE HOUSE ON THE PRAIRIE

Lo conseguí en una casa de empeños.
Hace un rato terminé de leer Little House on the Prairie en una versión adaptada por Oxford. Es claro desde el principio por qué este libro ha sido tan inspirador, por qué tantas generaciones han seguido fascinadas las aventuras de la familia Ingalls, tanto en su versión original como, posteriormente, en la serie de TV.

Little House on the Prairie es una novelita de aventuras en la que, al menos en mi versión adaptada, prácticamente en cada capítulo la familia Ingalls se enfrenta a un grave peligro o contrariedad y encuentra la forma de salir bien librada. Al capítulo 6, en el que la familia Ingalls casi acaba diezmada por una epidemia de malaria, le sigue el capítulo 7, en el que las hermanitas reciben in extremis su regalo de Navidad gracias a Mr Edwards, un vecino que cruza a nado un río cercano, en pleno invierno, para poder acercárselos, contándoles que papá Noel le encargó hacerlo porque está ya muy viejito para hacerlo por sí mismo. Bastante antes, habían salido bien librados de una manada de lobos que los acechaban por fuera de la casa a medio construir, sin puertas ni ventanas. Antes y después, las inquietantes y muchas veces indescifrables visitas de los indios de la zona, quienes surgen como oponentes pero que acaban jugando en la historia un papel clave, profundo y nada maniqueo.

La autora es la protagonista de la novela, que no de la aventura (Pa acapara este rol, casi siempre es el que encuentra las soluciones si éstas necesitan de brazos fuertes, corazón ancho y un poquito de astucia o habilidad. Pero su lugar es misterioso, porque es la autoridad indiscutida).

Laura Ingalls, contándose a sí misma en tercera persona, es quien acaba mostrando su alma y sus incógnitas. Su corazón bate con fuerza cada vez que suenan los tambores indios a la noche, y si le preguntan por qué deseaba tan desesperadamente quedarse con un bebé indio que pasaba llevado por su madre durante un éxodo hacia el oeste de las tribus cercanas, apenas puede articular que "sus ojos eran tan negros...", llorar, y no poder siquiera explicarse a sí misma qué había querido decir. Mientras, la Laura Ingalls adulta, la que escribe la historia, no deja de señalar el porte de los indios, su piel perfecta y salvajemente bronceada, su habilidad para dejarse ver sólo cuando se les antoja, el brillo de sus ojos y lo espectacular de sus atuendos, cuando los llevan. En un Estados Unidos donde la segregación manda, el fascinado terror que los indios despiertan en Laura debía sonar a sacrilegio (me encantaría saber si Little House on the Prairie tiene su El somriure dels sants que así, a bote pronto, se me antoja inevitable...).

Me encantaría saber, además, si la elección de Laura Ingalls como protagonista de la novela no tiene toda la intención de que lo inaceptable sea asumible, porque son sólo tonterías de una niña. A saber.

Éste es otro de los libritos adaptados que, si alguna vez lo encuentro en su versión integral, estaré encantado de volver a leerlo.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Pepa Guardiola: EL TALISMÀ DEL TEMPS (y un poquito de COLLIDORS DE NEU)

Creo que me lo encontré
en una de esas mesas
que dejan en algunas
bibliotecas para
intercambiar libros.


Hace mucho tiempo compré Collidors de neu porque pensé que lo había escrito una profesora de la facultad de magisterio de la Universitat de València, Pepa Guardiola. Me había dado clases un tiempo antes, y no sé cómo ni a través de quién descubrí que se trataba de personas diferentes. Creo, si mal no recuerdo, que una compañera de cursada me avisó antes de que me apareciera todo ufano con mi librito para que la profe me lo firmara. Pero no me hagan mucho caso.

Ambas Pepas Guardiolas han sido maestras de primaria, ambas han escrito libros (de ficción una, didácticos la otra). No comparten segundo apellido.

Cuando hace menos tiempo me volví a encontrar con una novela juvenil de Pepa Guardiola, dudé de mi certeza, y volví a ponérmelo bajo el brazo.

Y sí, El talismà del temps es una novela juvenil, es decir, algo que se puede meter rápido y bien entre pecho y espalda, mientras se está preparando un Superior de la JQCV. Para mí, que la ortografía sólo la digiero cuando la aprendo por ósmosis, ésta es una lectura estupenda.

¿Leí Collidors de neu? Creo que sí, y creo que no me gustó. Pero creo también que no la leí al enterarme de que no lo había escrito quien yo suponía que era. En fin. A juzgar por resumen y demás que se puede encontrar acá, seguramente no la leí nunca: me suena todo a chino. Pero andá a saber.

El talismà del temps tiene a una estudiante de arqueología como protagonista. Una chica joven, con dudas + anhelos, que debe luchar por encontrar su lugar en el mundo + contra el mundo. Y sí, es una novela juvenil, la identificación con el personaje es imprescindible.

La historia, en seguida, se bifurca. Hay saltos temporales entre el presente y el pasado (el presente de los cuerpos encontrados en la excavación), y estos saltos temporales se suceden, prácticamente, capítulo a capítulo: uno dedicado a la protagonista, otro a la época romana. Hasta aquí, es más o menos lo que se puede saber porque lo exponen en la contratapa.

Creo que sobre el final los acontecimientos se precipitan un poco demasiado, y me parece que en las últimas páginas el trabajo de pulido fue hecho bastante de prisa y corriendo. Pero, por lo demás, es una novela correcta.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Frederic Sentandreu Gallego: MAD. DESTRUCCIÓ MÚTUA ASSEGURADA

Creo que lo encontré en
una casa de empeños.
Leí esta novela hace unos años, ya. Conocía al autor por haber cursado con él, junto a muchos otros docentes, un curso preparatorio de Conselleria para sacarme una especie de C2 de valenciano que me habilitaría para solicitar la certificación como Mestre de Valencià.

Yo, si encuentro el libro de una persona que conozco, lo compro. Y después lo leo.

La novela, literatura juvenil para la ESO o el Bachillerato, tiene como protagonistas a una madre y una hija, argentinas, que emigran a Valencia. Del padre, fallecido, hereda un "pobre valencià, ple d'espardenyades" (de barbarismos castellanos, básicamente) que "estava recuperant a marxes forçades".

Creo que ésta es la única novela del autor, aunque seguramente habrá publicado trabajos relacionados con la Gramática del valenciano. Yo, que soy un argentino afincado en Valencia, no podía dejar de leerla con muchísima curiosidad. Pero bueno, es una primera novela de un escritor, y en este caso eso se nota.

Creo que el libro tiene sus momentos. La historia que narra es la de una hija y la madre que no se llevan nada bien, y el recuerdo del padre pesa espantosamente en el ánimo de la chica, y eso está bien transmitido. Pero también creo que tiene bastantes problemas de estilo y de continuidad, además de algunas vacilaciones en relación a los personajes.

Que la protagonista sea una chica argentina parece deberse sólo a que las mayores probabilidades de que una inmigrante latinoamericana tuviera antepasados valencianos era con los argentinos, porque esa faceta formadora de su personalidad no está explotada, no le otorga casi peculariedad alguna más allá de su condición de emigrada. Esto, claramente, es una elección del autor, y no hay nada que objetarle.

Hasta tal punto llega la poca relevancia de los orígenes argentinos, porteños, de la protagonista, que sobre el final se produce una escena que es lo que verdaderamente se me quedó grabado de la novela: "començà a ploure a bots i barrals, com només plou a València". Yo, que soy un argentino emigrado en Valencia, puedo decir que cuando cae la famosa "gota freda" es uno de los momentos en que más genuinamente me olvido de que estoy a tantos kilómetros de casa. Porque la gota freda, en Buenos Aires, se llama Sudestada. Suele haber una al año, y caen soretes de punta durante dos semanas, a veces más.

Y aquí llegamos al asunto de la reproducción, de lo verosímil, de lo plausible, del realismo literario, el efecto de realidad, y demás cosas y etcéteras.

¿Por qué el autor destroza cualquier efecto de realidad, al menos, a los ojos de un lector argentino? ¿Importa eso? Quizás lo hizo porque no se documentó lo suficiente a la hora de escribir la novela, quizás lo hizo porque le dio igual, porque la escena así quedaba bien y así se quedó. Vaya uno a saber. Es como los tipos que salen volando en el cine cuando les disparan, todos sabemos que así no funciona, pero así queda bonito y nos gusta, o nos gustaba antes de que vinieran a contarnos que así no funciona.

Yo, si hubiera otra oportunidad, leería una nueva novela de Sentandreu. Creo que aún le falta mucho, o le faltaba cuando escribió MAD, pero que puede dar mucho más de sí.

domingo, 21 de mayo de 2017

Cinzia Medaglia: MISTERO IN VIA DEI TULIPANI

Éramos tan pobres...
Umberto Eco decía que la lectura puede subvertir un texto hasta el punto de transformar una obra reaccionaria en revolucionaria, o más o menos. Lo dijo al menos en Lector in Fabula, pero seguramente en más lugares. Ponía ejemplos, también.

***

¿Qué me deja Mistero in Via dei Tulipani? Por lo pronto, unos treinta minutos más, entre pecho y espalda, de estudio o práctica o adiestramiento o lo que sea de italiano, que se agradece. Me deja, también, otra historia más con un misterio y un romance en mi periplo lingüístico, lo que ya no agradezco tanto.

Supongo que una forma tan buena como cualquier otra de parir libritos como churros es la fórmula del misterio/romance, eso no lo dudo, y seguramente esa cosa le producirá algo así como orgasmos mentales a tipos que entiendan la literatura como dice que la entiende César Aira. Qué duda cabe. Pero a tipos como yo me acaba llenando un poco los cataplines. Y si ese tipo como yo los hubiera leído con 15 o 18 años (y no ahora que estoy viejo y cansado y sueño mil veces las mismas cosas y las contemplo sabiamente), en fin, qué te voy a contar. La falta de respeto me hubiera lacerado el alma, su estallido (del alma), se abría producido en clase y contra la o el profesor/a de italiano que me hubiera hecho leer dos libros seguidos misterio/romance. Por suerte no fue el caso.

¿Qué visión precaria y arenosa de la psicología adolescente tienen los editores de libritos para estudiantes de lengua, carajo? ¿Siempre hay que tirarles por la cabeza la misma historia con distinto rostro?

***

Entonces, ¿cuándo me lo pasé bien? Por ejemplo, cuando los dos protagonistas se ponen a hablar de los ojos de una sospechosa y vecina, la señora Bianchi. Para el chico, la mujer tiene grandes y verdes ojos de gata; para la chica, que los describe primero, tiene ojos propiamente de loca. Y después le explica al prota que "ustedes los hombres no se dan cuenta porque es una mujer muy bella". El tema queda ahí hasta que, pocas páginas después, el prota cae en cuenta de que la señora Bianchi tiene efectivamente ojos de loca: ha necesitado que la vecina los apunte a ambos con una pistola, dispuesta a reventarlos y de un solo balazo de ser posible, para darse cuenta de ello. Nunca es tarde si la dicha es buena.

Es en los intersticios del tópico serial donde yo encuentro los placeres del texto, y se lo debo exclusivamente a quien lo ha escrito de su puño y letra. Es una forma tan buena como cualquier otra de desvelar la trama de una historia, pero la que atañe a su zurcido invisible. No sé si hay amor u orgullo u oficio o hallazgo o lo que sea en esos detallitos desperdigados acá y allá en estos libros para estudiantes, pero es lo que yo agradezco.

Porque son como chaplinadas intercaladas en medio de los engranajes (digámoslo así). Y porque se las debo, exclusivamente, a quien se ganó las lentejas escribiendo el librito, lo que me parece perfecto y de justicia y señal de que los muertos que vos matáis gozan de buena salud.

sábado, 1 de abril de 2017

Achim Seiffarth y Cinzia Medaglia: LIBERTÀ

De la biblioteca.
Libertà, novelita para el B1 de italiano, es otro de los libritos en esta lengua que estoy leyendo ahora que se me ocurrió estudiarla.


La narración, en primera persona, cuenta la historia de la desaparición de un amigo del protagonista. Una desaparición inesperada y que saca a la luz algunas facetas ocultas de su vida.

Por supuesto, hay un misterio y un romance. Ambos son infaltables, parece ser, en los libritos para aprender idiomas de este tipo de colecciones.

¿Tiene sentido evitar spoilers? Bah, qué se yo. Supongo que todo lo contrario: el tipo desaparecido, el tío Bruno, resulta que se había metido en kilombos de juego y guita con delincuentes y había simulado su propia muerte. El prota lo descubre en las calles de Florencia convertido en un linyera. Aparte era cornudo, y es por eso había empezado todo.

El prota descubre que, muy en el fondo, envidia la libertà de su amigo vagabundo. Y es que a pesar de que su propia vida es tan real como un accidente de tráfico, tan real como la norma que se cumple en su casa de apagar la tele a la noche y juntarse con sus hijos varones y su única hija mujer a contar historias antes de dormir, siente que en realidad todo esto y todo lo demás no es más que una ilusión y una condena. Y nadie le da a elegir pastillitas de dos colores.

Cuando la novelita acaba, dejamos al prota envuelto en su nube de pedo y de extrañamiento, alejado de su familia, sin posibilidad de comunicarse con nadie, ni siquiera con sus seres más amados, a excepción del tío Bruno, vagabundo, cornudo, ludópata recuperado, no gorrón ni borracho, aunque simula serlo, con el que comparte cada día una comida a mediodía de cuentas separadas.

Porque el tío Bruno tiene su orgullo, carajo.

Además es un artista efímero.

El prota, mientras tanto, ha perdido la inocencia e, incluso, el candor sonriente que la inocencia ajena despierta. Una media hora de lectura se necesita para conocer su historia (que, como quizás te hayas dado cuenta ya, es una especie de Bildungsroman al revés: el tipo pasa de ser alguien sensato y respetable a un completo petardo. Por lo menos, así lo veo yo).

domingo, 12 de marzo de 2017

Angelo Nobile: LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

¿Lo compré en un rastro
o en una casa de empeños?
Estoy bastante seguro de
que fue en el rastro de al
lado del Museo de Bellas Artes
de Valencia,
pero andá a saber...




Me ponía a leer versiones no adaptadas, o apenas, de clásicos infantiles y juveniles, y los personajes hacían cosas horribles con las que no podía estar de acuerdo. Y, muchas veces, no me reconciliaba con ellos, ni siquiera, a pesar de los muchos y buenos esfuerzos en pro de la reconciliación de conflictos que los autores acometían. Y a lo mejor me peleaba también con el autor.

O sea, si a Hansel y Gretel los padres los largaban en el bosque para que se murieran, era ni más ni menos que lo que había, porque así lo habían inventado. Y que no me la contaran diferente, y vaya si recuerdo la indignación que sentí la primera vez que descubrí que me habían edulcorado una historia.

Leer cosas horribles me dejaba bocabadado, pero reflexionando. Las Caperucitas que se llevaban el Lobo al zoo, pongamos por caso, me producían urticaria neuronal, me llenaban el cerebro de caries y el corazón de odio. O sea, había también reflexión, no puedo negarlo, pero no sentía que sirviera de mucho.

Básicamente, me servía para confirmar que no se puede comparar un boli Bic azul con un boli Bic azul.

Que no todo es blanco o negro sino que hay grises lo aprendía leyendo salvajados. Que la cadaunada propone y la propia circunstancia dispone. Que no me valía de nada que me lo dieran todo masticadito (y que el paso del tiempo es una forma como cualquier otra de que se le salga a uno el tiro por la culata: lo que alguna vez había estado masticado volvía a exigir una buena dentadura para poder pasarlo. Y me refiero a las enseñanzas morales bien armaditas que se desmontan solas leyéndolas algún siglo después [Umberto Eco lo explica en Lector in fabula {el libro no está más bueno que la peli porque, sin limitarse a y sin que sea razón suficiente, todavía no hicieron la peli}]).

***

Jamás le creí a Antoine de Saint-Exupéry, por ejemplo, que el Principito había vuelto a su asteroide después de que la serpiente lo mordiera. Jamás acabé de creerme que Martín Fierro fuera, en el fondo, un tipo al que hubiera que perdonarle su crimen más atroz. Nunca me pareció el padre de Hansel y Gretel menos culpable que la madrastra del abandono de aquéllos, se pusieran los hermanos Grimm como se pusieran. 

Etcétera tres veces.

Angelo Nobile, aunque me ayuda a sistematizar el asunto, tampoco es que me da claves para posicionamientos nuevos ante el ídem. Todo lo más, y parece bastante obvio que cuando afirma sobre esta cuestión lo guían la prudencia y la profilaxis emocional más que criterios científicos probados experimentalmente (con toda la complicación del caso, que no es poca), me recuerda que, en lo que atañe al cuento de hadas (pero que puede extrapolarse, según lo veo yo), la mediación del adulto, la lectura grupal y el cuentacuentos (que no lo llama así) son las mejores opciones para que los niños puedan enfrentarse a sus oscuras complejidades.

Y sobre el papel de la figura femenina poco aporta. Entre otras cosas, porque interfiere su pluma su evidente fastidio ante (y estas comillas son del autor, que cita a otro con el que está algo de acuerdo), los "catastróficos comandos feministas". Unos comandos a quienes juzga "poco generosos" en su "punto de vista beligerante", además de, básicamente, miopes. Y censores.

En fin. Es cierto que la simple adaptación con la escoba no creo que sea la mejor opción para que el odio y la dominación no se esparza de la mano de Caperucitas, Cenicientas y Bellas Durmientes, y que siempre se corre el riesgo de caer en lo políticamente correcto, pero también es fácil el asunto si uno es un tipo, que no una mina, y la mierda no lo salpica.

Pero el pasado no es algo que se pueda modificar, lo deseable sería que las obras artísticas de hoy no esparcieran el mismo veneno (¡hola, Rey León...!). Lo cual tampoco es sencillo, la piedra espera su nuevo encuentro con nosotros. Y es paciente.

***

Esta cosa de reseña no tiene nada. Es una especie de "a propósito de...".

O una reseñibola. Eso sí que es. Sobradamente.

domingo, 26 de febrero de 2017

S. Deon, S. Pistolesi, N. Romanelli: IL VIAGGIO DE LAURENT

De biblioteca.
El año pasado me decidí, por fin y en buena hora aunque tardía, a ponerme a estudiar italiano. Regladamente, quiero decir.

Y hete aquí el primer librito que leo en la lengua de Salgari: Il viaggio di Laurent, una novelita para el nivel B1 del MCER.

Laurent, y deberé saber explicarlo en italiano dentro de algunas horas, es un muchacho francés, estudiante de arquitectura, que viaja a Italia (in Italia, IN Italia, que no se me olvide mañana [Dios mío, en ti confío]), en plan autodescubrimiento (tiene antepasados italianos, y maldita la gracia que tendrá que se me escape un avantpassati con olor a chufa en vez de antenati, que no sería la primera vez que me pase) para vivir aventuras y fracasar un par de veces (o más), en el amor. Y eso es curioso, porque normalmente estos libritos para estudiantes de lenguas suelen contar con un misterio y/o crimen resuelto y un amor correspondido que no fallan, son muy de vencer al villano y quedarse con la chica (o al revés, genéricamente hablando), además de un/os entusiasta/s e infaltable/s nativo/s que los leen (con voz plañidera, todo hay que decirlo), y que lo/s suben a YouTube y que yo se lo/s agradezco infinitamente, porque ayuda que no veas.

En fin. Mi pobre Laurent, que desde la tapa misma parece todo un Casanova (nadie dijo nada de que no se pueda juzgar a los protas por la cubierta), al final no se come una rosca. Ocasiones no le faltan. Pero eso sí: qué vistas, qué edificios, qué arte en cada rincón y a la vista de todo el mundo...

PD) En casa tengo libros de Gramsci que compré a un librero de viejo en Venecia. Tengo una traducción al italiano de El Principito. Por ahí tengo también, o tenía, la parte más divertida de la Divina Commedia, la del infierno (ya sé que en el Paraíso está Beatrice, pero no hay demonios que usen sus propios pedos como toques de trompeta: no hay color [ni olor]). Creo que leeré por enésima vez las aventuras del Principito, pero ahora en la lengua de Salgari. Ya lo contaré.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Friedrich Nietzsche: SOBRE VERDAD Y MENTIRA EN SENTIDO EXTRAMORAL

¿Cómo conseguí este libro?
No recuerdo bien.
Creo que estaba junto a un contenedor de papel.
Leí un par de veces, la última hace unos años, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, un opúsculo de Nietzsche. Más de lo mismo, que yo recuerde: qué cínico este Nietzsche, qué mal bicho. Más de lo mismo: "nada es verdad" + "lo que yo diga es la verdad".

Como siempre, pues, y como parecería ser lo más eficiente que podía hacer Nietzsche, es decir, un librito conteniendo una teoría que se refuta a sí misma.

Refuta Nietzsche todo el conocimiento científico y filosófico con la estratagema de tomarla contra lo último, contra el último peldaño, y pretender que ese último peldaño de una escalera trabajosamente construida durante siglos por innumerables personas no es más que un castillo en el aire. Recurso fácil: borronear los peldaños precedentes, enturbiarlo todo, focalizar toda la atención en el último peldaño, sustraer el árbol del bosque, y ya está.

Nietzsche afirma que es imposible llegar a describir la realidad pero, inmediatamente después, afirma que todas y cada una de las descripciones de la realidad son erróneas, incluso a pesar de que ha afirmado que no se puede saber nada sobre la realidad. ¿Entonces cómo está tan seguro de que, más no sea por casualidad, ninguna de esas descripciones es correcta? A Nietzsche sólo le interesa el convencimiento.

Nietzsche se encabrita cuando alguien dice que existe la hoja en vez de las hojas, todas diferentes y únicas y cambiantes, pero después se permite teorizar categóricamente acerca de la percepción del mosquito. Y así todo.

Para ser un filósofo tan obsesionado con la verdad, Nietzsche era todo un mentiroso...