Mostrando entradas con la etiqueta 1962. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 1962. Mostrar todas las entradas

sábado, 9 de septiembre de 2017

Carolina Maria de Jesus: QUARTO DE DESPEJO. DIARIO DE UNA MUJER QUE TENÍA HAMBRE

Noté en cuanto lo compré
que había estado injertado
en un depósito durante décadas.
Viejo y nuevo, curiosísimo.
Las tapas comenzaron a desvanecerse
en cuanto lo tuve en mis manos,
algo así como lo que le pasa al prota
de La máquina del tiempo
en la versión cinematográfica de 1960.
Previsor, plastifiqué la tapa.







Si me preguntan qué conozco de literatura en portugués, lo más rápido que puedo responder es Quarto de despejo y Doña Flor y sus dos maridos. Después, pensando un poco, puedo acordarme de que Paulo Coelho escribe en portugués, de que hay un premio Nobel, José Saramago, que también escribía en portugués, y de que Rubem Fonseca, que me hicieron descubrir hace unos años, mientras estudiaba, también escribe en portugués. Supongo que soy una muestra perfecta del legendario nulo interés que tenemos los castellanoparlantes por la cultura en portugués más allá de lo musical y hecho en Brasil, para ser bien específicos.

Quarto de despejo es un diario de una mujer negra, habitante de una favela brasileña, que abarca desde el 15 de julio de 1955, hasta el 1 de enero de 1960. Cuida de sus hijos sola y como puede, buscando entre la basura. Lo leí, por primera vez, hará unos veinte años. Teníamos en Buenos Aires un ejemplar sin tapas, desvencijado, que devoré en unos pocos días. Vaya uno a saber por qué, no lo traje conmigo cuando viajé a España, pero me lo encontré hace unos años en una Paris-Valencia, a un precio irrisorio, y me lo compré. Ahora veo que los venden en librerías en línea a precios disparatados, mal rayo persiga sus sombras.

¿Por qué vale la pena leer Quarto de despejo? A juzgar por la traducción, está muy bien escrito. Es decir, es conmovedor, te sacude, pinta su aldea. La autora cuenta su vida, la de sus hijos y los vecinos, sus dudas, sus miserias y grandezas, y las verdades están donde tocan, pero también las mentiras. El efecto "aquí estoy yo, a veces lo hago bien, a veces lo hago mal, de algunas cosas estoy orgullosa y otras me avergüenzan, pero tengo bastante claro que estoy rodeada de hijos de puta" es demoledor.

El libro fue Best-Seller en Brasil en 1960, y dos años escasos después fue traducido en la Argentina, con mucho éxito. Al catalán, por ejemplo, fue traducido en 1963. O sea, imaginate...

La suerte de la autora fue cambiante, después de este suceso. Publicó varios libros más, dejó miles y miles de líneas inéditas, y nunca arribó a la tranquilidad económica. Parece que al público le interesaba más leer cómo sufría que cómo se le había acomodado la vida. Yo, desde luego, nunca más volví a cruzarme con traducciones al castellano de su obra, aunque dicen que hay.

Desde hace tiempo que quiero intentar leer la versión en portugués. Todavía no pude encontrarla a un precio razonable, y paso de leerla en PDF en la computadora. A ver si alguna vez que viaje a Portugal puedo encontrarla...

sábado, 3 de junio de 2017

Leyendo OBRA ABIERTA, de Umberto Eco

Hace unos días encontré en una casa de empeños un ejemplar de Obra abierta, de Umberto Eco. Me costó 50 centavos. Bastante desesperadito estaba por leerlo, últimamente, y el hallazgo fue un ídem.

En estos días estoy releyendo, también, algunas partes de Lector in fabula. Pero ahora en italiano. Me compré el librito a un precio ridículo, aunque no tanto, en Todocolección. La verdad es que las cosas de Eco siempre se me repiten en la cabeza. Como un eco. En fin: pero en fin, a lo que iba. No creo que lea entera Obra abierta, no de un tirón al menos, pero sí iré leyendo lo que me vaya interesando. Y en eso estaba, ocupándome de mis cosas sobre las páginas de Eco, cuando me crucé con esto:





Qué clarito lo decía el italiano cuando quería, ¿no? Y quién lo hubiera dicho de un italiano, ¿no?

Pero hay un par de cosas que aclarar, aunque no debería hacer falta: mi párrafo subrayado a dos colores en la página 131 debería ser una maldita perogrullada para cualquiera que se preciara de tener algún tipo de relación con la lengua; ese relacionado con la lengua, si ignora esta perogrollada, no sólo no es inocente, sino que es un cínico. Y, seguramente, un reaccionario.

¿Qué es el lenguaje inclusivo, el no sexista, sino "expresiones que se oponen a las costumbres gramaticales o sintácticas y que precisamente por ello nos sacuden y nos comunican algo nuevo"? ¿Qué son, por ejemplo, los "nosotros y nosotras" sino (bastardillas del original) "ciertos elementos particulares de desorden [que] aumentan la información de un mensaje"?

Yo tengo en casa una Nueva gramática básica de la lengua española, la de la RAE, que dice esto:

Y, de forma bastante sibilina, esto también:




Linda decimononicada positivista le tiran por la cabeza a uno, ¿verdad? El desdoblamiento es "innecesario" y aquí paz y después gloria. Y lo que yo me pregunto es: si tan "innecesario" es el desdoblamiento, ¿por qué justamente sus más efervescentes detractores parecen obsesionadicos perdidos con su uso? ¿Alguien puede negar que a tipos como Pérez-Reverte, por ejemplo, el desdoblamiento de género se le repite más que el ajo?

A los P-R, a los Javier Marías y a demás prohombres de la misma calaña les fas-ci-na usar desdoblamientos en mitad de sus coprolalias. Y tanto que les fascinan, que son perfectamente conscientes del enorme, contundente valor expresivo que tienen. Y por eso los usan, aunque hayan decidido usar ese superpoder para el mal en vez de para el bien. ¿Que usar desdoblamientos de forma insultante es como la pescadilla que se muerde la cola, porque es reconocer que el recurso es cualquier cosa menos "innecesario"? Se las suda de mil y una formas, la sartén por el mango la llevan ellos, nadie puede ni soñar pugnar contra ellos el sentido de las palabras. Son los putos amos, y lo saben.

Nos adoctrinan y los diarios dicen que llueve. Los machos alfas y sus correveidiles nos adoctrinan con su propia "ideología de género", ésta mucho más real y poderosa fácticamente que cualquier cuadernillo editado por una Concejalía de la Mujer, y la prensa sigue anunciando lluvia. Pero la culpa es tooooooda nuestra, por supuesto.