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1887, Buenos Aires, infinidad de inmigrantes que vienen, gente muy pobre, muchos de Italia, y Cambaceres, muy lombrosiano, muy protoVallejo-Nájereano, muy protoMengeleano, los odia y les teme —aunque esto último ni ante el espejo lo reconocería—, pero sí quiere que sus paisanos, criollos patricios, les teman, o teman por sus hijas. Entonces muestra las desventuras de Genaro Piazza, hijo de italianos, que fracasa en todo y destruye todo, porque "es su naturaleza".
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