domingo, 17 de mayo de 2026


Karen tiene amigues imaginaries, o alucinaciones, o pesadillas intercaladas en el relato, o todo eso junto revuelto.

El detén empieza en media res, y en seguida nos damos cuenta del infierno espantoso que se instaló en la vida de su protagonista, adolescente internada en un colegio de monjas, lo más lejos posible de la pareja de su madre.

La narradora, Claribel Alegría, salvadoreña, confía plenamente en quien la lee, no da respiro ni deja pistas a prueba de tontos en la trama enmarañada de sus setenta y pico páginas de 1977.

Me pregunto cuándo me haré con un ejemplar de Cenizas de Izalco...

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