domingo, 12 de marzo de 2017

Angelo Nobile: LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

¿Lo compré en un rastro
o en una casa de empeños?
Estoy bastante seguro de
que fue en el rastro de al
lado del Museo de Bellas Artes
de Valencia,
pero andá a saber...




Me ponía a leer versiones no adaptadas, o apenas, de clásicos infantiles y juveniles, y los personajes hacían cosas horribles con las que no podía estar de acuerdo. Y, muchas veces, no me reconciliaba con ellos, ni siquiera, a pesar de los muchos y buenos esfuerzos en pro de la reconciliación de conflictos que los autores acometían. Y a lo mejor me peleaba también con el autor.

O sea, si a Hansel y Gretel los padres los largaban en el bosque para que se murieran, era ni más ni menos que lo que había, porque así lo habían inventado. Y que no me la contaran diferente, y vaya si recuerdo la indignación que sentí la primera vez que descubrí que me habían edulcorado una historia.

Leer cosas horribles me dejaba bocabadado, pero reflexionando. Las Caperucitas que se llevaban el Lobo al zoo, pongamos por caso, me producían urticaria neuronal, me llenaban el cerebro de caries y el corazón de odio. O sea, había también reflexión, no puedo negarlo, pero no sentía que sirviera de mucho.

Básicamente, me servía para confirmar que no se puede comparar un boli Bic azul con un boli Bic azul.

Que no todo es blanco o negro sino que hay grises lo aprendía leyendo salvajados. Que la cadaunada propone y la propia circunstancia dispone. Que no me valía de nada que me lo dieran todo masticadito (y que el paso del tiempo es una forma como cualquier otra de que se le salga a uno el tiro por la culata: lo que alguna vez había estado masticado volvía a exigir una buena dentadura para poder pasarlo. Y me refiero a las enseñanzas morales bien armaditas que se desmontan solas leyéndolas algún siglo después [Umberto Eco lo explica en Lector in fabula {el libro no está más bueno que la peli porque, sin limitarse a y sin que sea razón suficiente, todavía no hicieron la peli}]).

***

Jamás le creí a Antoine de Saint-Exupéry, por ejemplo, que el Principito había vuelto a su asteroide después de que la serpiente lo mordiera. Jamás acabé de creerme que Martín Fierro fuera, en el fondo, un tipo al que hubiera que perdonarle su crimen más atroz. Nunca me pareció el padre de Hansel y Gretel menos culpable que la madrastra del abandono de aquéllos, se pusieran los hermanos Grimm como se pusieran. 

Etcétera tres veces.

Angelo Nobile, aunque me ayuda a sistematizar el asunto, tampoco es que me da claves para posicionamientos nuevos ante el ídem. Todo lo más, y parece bastante obvio que cuando afirma sobre esta cuestión lo guían la prudencia y la profilaxis emocional más que criterios científicos probados experimentalmente (con toda la complicación del caso, que no es poca), me recuerda que, en lo que atañe al cuento de hadas (pero que puede extrapolarse, según lo veo yo), la mediación del adulto, la lectura grupal y el cuentacuentos (que no lo llama así) son las mejores opciones para que los niños puedan enfrentarse a sus oscuras complejidades.

Y sobre el papel de la figura femenina poco aporta. Entre otras cosas, porque interfiere su pluma su evidente fastidio ante (y estas comillas son del autor, que cita a otro con el que está algo de acuerdo), los "catastróficos comandos feministas". Unos comandos a quienes juzga "poco generosos" en su "punto de vista beligerante", además de, básicamente, miopes. Y censores.

En fin. Es cierto que la simple adaptación con la escoba no creo que sea la mejor opción para que el odio y la dominación no se esparza de la mano de Caperucitas, Cenicientas y Bellas Durmientes, y que siempre se corre el riesgo de caer en lo políticamente correcto, pero también es fácil el asunto si uno es un tipo, que no una mina, y la mierda no lo salpica.

Pero el pasado no es algo que se pueda modificar, lo deseable sería que las obras artísticas de hoy no esparcieran el mismo veneno (¡hola, Rey León...!). Lo cual tampoco es sencillo, la piedra espera su nuevo encuentro con nosotros. Y es paciente.

***

Esta cosa de reseña no tiene nada. Es una especie de "a propósito de...".

O una reseñibola. Eso sí que es. Sobradamente.

domingo, 5 de marzo de 2017

Joan Fuster: SET LLIBRES DE VERSOS

Este libro se
lo compré a un librero
de viejo 2.0.
Dice j f, en el prólogo de aquél, que Ofici de difunts (1950) permanecía inédito hasta la publicación de Set llibres de versos, y que el motivo era que sus amigos editores lo habían "descartado". España, 1950...

En esa época j f hacía diferencias entre "ser lliure" y "estar lliure" (ser o estar libre, por si hacía falta aclararlo). "Estar lliure", como "estar malalt" (enfermo) o "estar d'eixida" (estar de salida). Finalmente, j f lo deja correr, aclara que no le gusta escribir "sinó sobre les coses tolerades" (acá no hay que traducir nada).

Por la época que j f escribía esos versos la censura estatal no se cebaba sobre tuits sino sobre los libros, obras de teatro y demás.

¿Cuándo, dónde y por quién fue que leí o escuché que una de las estrategias contra la censura era respetarla escrupulosamente? Ese respeto a rajatablas lo transformaba todo en una parodia, por lo que la censura quedaba sorteada.

¿Homologar la libertad con la enfermedad es una forma como cualquier otra de respetar escrupulosamente la censura? Desde luego que explicitarlo así, a lo bestia, no ayuda.

Que la libertad es una tara moral que conduce irremediablemente a la ruina lo saben bien las Anas Kareninas, las Emmas Bobarys, las Ladys Chatterleys. Y, poniéndose más vernáculos, las Laias o las Lauras. La moraleja sobra a la fábula, si es el caso, y j f lo tenía muy claro.

***


Antoni Ferrer me dice, desde un pósit que he añadido vaya uno a saber cuándo, que hay "tres poetes distints i un sol Fuster perdurable". Análisis y pitonisada, pero asumible.

Yo veo un j f que me comenta que "t'estimava (...) com s'aprèn l'idioma de l'absència"; otro que me dice "Joan Fuster t'odia/i per això escriu aquest poema una tarda de diumenge,/al seu poble,/amb la seva vella Royal Typerwriter (sic) P1658, (...)"; otro, bastante antes, que parece que se apunta fuerte a los Jocs Florals. También hay un j f rebelde y otro que parece que ha asumido que como poeta no vale nada y se regodea en estar a la vuelta de todo. Como los posmos de los '90, pero sin creerse que, en el fondo, sí que valen su precio en oro. O a lo mejor sí. En fin.

¿Habré leído el esto de Antoni Ferrer? (¿libro, artículo, prólogo?). Yo creo que no, pero su planteo me da vueltas. En todo caso, parece que sí leí a Josep Ballester, que es quien lo cita según mi pósit. Pero no sé cuándo ni dónde ni de qué manera.

No leí a muchos fusterólogos.

***

Entonces, ¿me lo pasé bien leyendo a Fuster? Lo que está claro es que, cuando recibí el librito por correo, fue un momento "mi tesoro".

Andaba bastante desesperado por leer la poesía de Fuster, y más cuando estaba enterado de que el propio autor decía que sus versos no valían nada. Supongo que, el mío, es un ramalazo noventero como cualquier otro.

j f dice, al final de su prólogo: "Del meu saldo particular, no me'n sabria avergonyir: fou el que havia de ser". El Libertador parece que dijo "Serás lo que debas ser, o sino no serás nada". Bastante ambigua la afirmación postrera de j f, sobre todo a la luz de las palabras sanmartinianas. No sé hacia dónde conduce todo esto ni qué tiene que ver con si me gustó o no leer esta antología, todo sea dicho, pero bueno, ahí lo dejo.

Entonces, ¿me gustó leer este librito? Me costaba dejar de leerlo como si fuera un Vicent Andrés Estellés que no las tenía todas consigo, la verdad. Todo lo que oía a Jocs Florals, básicamente buena parte del principio, no me gustó casi nada. Es por eso que me cuesta tanto acabarme mis antologías de poesía en catalán del siglo XX, que tengo varias por ahí a medio leer. Cuando se pone más a lo bestia empieza a gustarme más, y me aburre cuando anuncia lo poco que cree en lo que hace.

Set llibres de versos se queda en mi biblioteca. He buscado poemas para musicalizar y, por ahora, no he encontrado ninguno. Aunque algún candidato hay.